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Descomponiendo trazos

Sé que voy a perder antes de haber jugado.
Mi destino es ocultarme cada noche en tu regazo.
Más que componer relatos, descompongo en trazos
lo que dije ayer, lo que he soñado.

Miro alrededor, con mis ojos de bicho raro,
que sin condena, cárcel ni perdón se siente ya apresado.
Y calmar mi desazón con lo único que queda claro:
Qué fácil es rimar mi boca con tus labios.

Nadie nunca podrá entender estos ojos llorados.
Nunca nadie podrá leer esta mirada perdida.
No hay presente, mañana ni pasado.
Siempre es el mismo día que al oído me grita.

Seré el puntal de tu risa cuando a plomo caiga.
Pero es la sombra de su tristeza, no te engaño,
La que hunde mis cimientos y parte el forjado
de mis costillas, de mi alegría, de mi sangrante herida.

No sé si volveré a esta ciudad maldita.
Donde las negras sombras confunden árboles
con el perfil de rascacielos asonantes.
Siempre supe que lo que ven mis ojos es mentira.

Llevo seiscientas noches sin dormir.
Me quedan seiscientos días sin vivir.
Y guardo seiscientos sueños por cumplir.

Juego en tu regazo los trazos de lo que he soñado. 
Raro es estar apresado en el claro de tus labios. 
Llorados mis ojos, perdida mi mirada, el pasado me grita. 
Que caiga el engaño del forjado de mi sangrante herida. 
La ciudad maldita de los árboles asonantes es mentira. 
Dormir, vivir y sueños cumplir me cuesta seiscientos días. 

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Las partes de un todo (1): Palacio Real de Madrid

Serie fotográfica: “Las partes de un todo”.
1: Palacio Real de Madrid (fachada este).


La fuente de luz

El agua se convierte en luz, que escupe una fuente fría de Madrid en medio de la negritud de la noche despejada. Negritud que pliega sus dedos sobre mi ser, agarrándome la garganta hasta dejarme sin aliento. Por no tirar mi moneda sigo buscando en el bolsillo vacío. Luz líquida que salta y rebota iluminando el aire sobre piedras mojadas de recuerdos rotos, esparcidos por doquier, donde quiera que repose el pasado, en un cementerio de ideas perdidas e ilusiones abandonadas. Cementerio de recuerdos, cementerio de mentiras, donde la fuente que escupe luz mojará otras vidas ilusas cuando ya nadie mire, cuando ya nadie respire, cuando ya nadie comprenda lo que digo, escribo y siento.


Hoy es el recuerdo de mañana

De pequeños llegábamos a Madrid en tren, y ya desde ese primer momento todo era mágico: la estación de Atocha, como una inmensa boca que se traga al viajero, daba la bienvenida a nuestros entonces ojos de niños con una grandiosidad agigantada por nuestras pequeñas existencias en modestos núcleos urbanos no demasiado habitados. Y los ojos se nos llenaban de los colores de la capital; los oídos, de las melodías de los villancicos de los escaparates; las fosas nasales, del extraño aroma de Madrid, mezcla de contaminación, castañas asadas y el perfume de las tiendas más prestigiosas de Preciados. Pero era en la Plaza Mayor donde todo cobraba un significado mágico: los puestos cochambrosos se llenaban de belenes, luces no demasiado sofisticadas, muñecos de trapo, juguetes de plástico y demás sorpresas inesperadas para nuestras almas rurales. Ese lugar era mágico. Sin duda.
Hoy vuelvo a la Plaza Mayor y puedo respirar el mismo ambiente, a pesar de todo, a pesar de la crisis, de las malas noticias, de mis problemas, de mis años acumulados en la nuca… Son mis mismos ojos y la misma plaza. Pero demasiados años después. Y justo cuando creo despertar y darme cuenta de que realmente nada es lo mismo, la cara iluminada de un infante pasmado, con la boca abierta y los ojos brillantes, señalando a su madre una inmensa noria de mil destellos, me hace pensar que hoy es el recuerdo que tendrá mañana. Hoy es su infancia, la que relatará a sus hijos, a sus nietos… Y si es así, si hoy es el recuerdo mágico de un niño, no puede ser tan malo. ¿Verdad?


Plaza mayor

Me entrego a la locura
porque al fin he comprendido
que amar sin amargura
es buscar algo sin haberlo perdido.

Me escondo en cualquier rincón
sabiendo que soy invisible.
Aunque quisiera suplicar mi perdón
Sé que no sonaría creíble.

El preso sin condena ha decidido escapar.
Después de muchos caminos remotos
erró al soñar sin pensar
que los barrotes ya estaban rotos.

Peligro: sigo libre.
Cuidado: sé que estoy loco.
Tranquilo: es sólo por amor.  
Posdata: Nos vemos en la Plaza Mayor.