Política

Cortarse el pelo para perder peso

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En los últimos años en que la crisis nos golpea a todos con más o menos fuerza, se está asentando en nuestra sociedad la conciencia de que, puestos a salvarse, primero “los de aquí”. Literalmente. Es decir: en cuanto a ayuda humanitaria, la prioridad la tiene el español. Argumento esgrimido, defendido y puesto en práctica por políticos, sobre todo, y sus secuaces instalados en las columnas de opinión de publicaciones conservadoras o reaccionarias. Lo triste es que es una posición que está adoptando peligrosamente un cierto bando de la población de a pie tradicionalmente sensibilizada con las buenas causas, y ahora intoxicada por intereses de terceros. El resultado: hoy está mal visto ser solidario. Los reaccionarios nos llaman “buenistas” por no llamarse a sí mismos racistas, xenófobos o fascistas. Siempre es más fácil ridiculizar “al otro” que mirar la negrura de nuestra alma para seguir durmiendo con la conciencia tranquila.
“Lo primero que aparece en mi sueño”, asegura José María Vera, director general de Intermón Oxfam en España, “es que rompamos la confrontación en la que algunos líderes políticos y de opinión nos quieren colocar: ahora toca a los de aquí.” Para José María, el asunto está claro: “Quieren enfrentar a pobres contra pobres”. Es una táctica envenenada de retórica que posibilita que, mientras nosotros (víctimas de la crisis que ellos han fabricado) nos peleamos, ellos siguen haciendo sus políticas de recortes, desmantelando del Estado del Bienestar, acabando con la conciencia solidaria asentada en nuestra sociedad desde hace décadas… para seguir siendo unos pocos los ricos, los que se comen el pastel mientras nos tiran las migajas, por las que nos pelearemos como hermanos alentados por sus propios padres.
Los políticos del siglo XXI han conseguido, excusándose en esta maldita crisis estafa, derrumbar conceptos antaño inamovibles. Y encima atacan a los solidarios acusándoles de “buenismos”; es decir: dan la vuelta a la tortilla para no reconocer que son ellos, en definitiva, las defecaciones humanas que abochornan a nuestra sociedad, para poder dormir tranquilos con sus ideas inhumanas, insolidarias y egoístas. Eso sí que es una crisis: una crisis ética y cultural, que nos distancia y nos pone más trabas para progresar como pueblo multicultural y evolucionado, es decir: civilizado. 
No es nueva la creencia de que primero hay que arreglar la casa propia para luego ayudar al vecino. En realidad se ha esgrimido dicha política insolidaria desde hace décadas. ¿Por qué? Porque todos sabemos perfectamente que una mancha de humedad siempre habrá en esta casa, porque es imposible arreglar completamente un hogar tan grande. Eso les permite a los egoístas justificar su egoísmo eternamente. ¿Dónde nos han llevado después de tantos años? Somos seis millones de parados. No es culpa del inmigrante que huye porque la alternativa era morir de hambre o de las guerras. Es culpa de los de aquí: Bárcenas, Caso GIL (1.000 millones de euros públicos), Nueva Rumasa, Caso Zamora, Caso Malaya, Caso Gürtel (160 millones), Caso Petroria (44 millones), Caso Nóos… Todos españoles, y bien españoles. Ellos son el problema. Sumen todo el dinero estafado a las arcas públicas y verán que la enfermedad no viene de fuera, sino que está enquistada en aquellos que se consideran muy patriotas, que quieren defender “lo nuestro” frente al extranjero y luego nos dan lecciones morales. Valientes hipócritas.
En dos años, el Gobierno español ha recortado un 70% la ayuda oficial al desarrollo. Somos el país que más ha recortado esta partida, según Intermón Oxfam. Afortunadamente, los datos dicen que España (sus habitantes) no es menos solidaria: pese a los continuos mensajes xenófobos y racistas de los dirigentes, nuestro pueblo sigue estando concienciado: los Bancos de Alimentos han visto incrementados los donativos un 20% cada año. Cando se producen crisis de hambruna concretas, como recientemente en Etiopía, Kenia y Somalia, el pueblo se vuelca: Intermón Oxfam batió su récord de recaudación al conseguir seis millones de euros en 2011. Y cada vez más gente da la espalda a la banca tradicional y prefiere meter sus ahorros en la banca ética, que creció un 35% en la primera mitad de 2012.
El gobierno español justificó el recorte de partida presupuestaria a la ayuda a los países pobres asegurando que, o hacía eso, o recortaba las ayudas a servicios sociales en España. “¿Es la solidaridad un lujo que sólo podemos permitirnos cuando sobra el dinero?”, se pregunta Anna Argemí, periodista de la ONG Intermón Oxfam. “¿O es una obligación ética de la que deberían beneficiarse tanto los pobres de aquí como los que viven en los países en desarrollo?” España fue un país en vías de desarrollo hasta hace bien poco. A principios de los años 80 recibíamos ayuda internacional y teníamos un PIB por habitante inferior al de Argentina o Venezuela. Pero eso se nos ha olvidado. O hacemos que se nos ha olvidado. Hemos sido receptores de ayuda oficial extranjera como país en vías de desarrollo y ahora nos negamos hacer lo propio con quienes nos necesitan. “El problema”, asegura la Federación Catanala de ONG para la Paz, “es que la clase política piense que hace falta sacrificar la cooperación para encontrar una salida a nuestros males.” Otra falacia: lo que España destina a ayuda humanitaria a otros países sería insuficiente si se destinase a solucionar los problemas internos, pero resulta fundamental para evitar las muertes de miles de personas fuera de nuestras fronteras. Jeremy Hobbs, director general de Oxfam Internacional, pone un ejemplo muy gráfico: recortar el presupuesto destinado a ayuda humanitaria y destinarlo a solucionar la crisis interna es “como cortarse el pelo para perder peso”.

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