Archivo para octubre, 2015

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La levedad del equilibrio

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Ya termina de calmarse el agua. Ya empieza a barruntar la cabeza. Quizá sea por este extraño silencio. Espeso espejo de cristal seco. Quizá, por las tormentas de mi imaginación. Qué leve es la tranquilidad. Qué difícil el equilibrio. Con qué rapidez todo se desmorona. Como la superficie de una laguna sosegada: tan fiel al cielo y tan frágil al tacto. Parece que se va a romper con sólo mirarla. Una piedra desprendida y las ondas inundarán su cuerpo. Se mezclarán los colores del otoño en un borrón acuoso hasta convertirse en expresionista paleta bañada de ocres, verdes y rojos pardos. Quién será el loco artista que pinte tus bosques sin perder la cabeza. Si nuestros pies no caen al abismo, seguiremos caminando pisando el cielo y mirando nuestros zapatos.

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Buenas noches, Alcázar

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Creo (y cada vez creo en menos cosas) que tarde o temprano tenía que suceder. Yo no sé (uno nunca lo sabe) qué pensará la otra persona de un contrato no firmado, ese que se establece espontáneamente, cuando dos personas se conocen. Porque Mariano y yo no nos conocíamos. En persona, quiere decir. Pero habíamos mantenido largas y plácidas charlas virtuales. Su parte del contrato está más que satisfecho: Mariano me ha abierto las páginas de sus libros y las puertas de su casa, Alcázar. Y por ella han desfilado personas que son personajes de sus propios libros, amistades y familiares que me hicieron sentir uno más, parte de ellos, de sus risas, de sus bromas, de sus chistes, de sus anécdotas… Qué extraña es la sensación de conocer a tanta gente de golpe y sentirse de repente tan a gusto. Y (¿casualidades?) desfilaron cogidos de la mano Alcázar, Zaragoza, Aranjuez… Escenarios comunes, ¡qué cosas!
El silencio de la habitación del hotel lo rompen mis dedos tecleando en el portátil, repiqueteando nerviosos. Tenían prisa por esbozar estas tontas palabras. Sólo por dar las gracias. Porque en muchas ocasiones este torpe orador se queda mudo, y sólo sabe expresarse (y medianamente inteligible) con el silencio de la escritura. Y en ocasiones, ni eso. Por eso dejo estas dos imágenes como recuerdo de esta velada: la primera, una mano curiosa de alguien del público, que sostiene la portada del libro para contemplar la presentación, quizá imaginando lo que le espera dentro. La segunda, también alguien del público que ya se ha aventurado a sumergirse en el mar de papel. Quédense ambos con la idea de que nada que merezca la pena en esta vida es fácil, rápido ni gratis (busquen esta última palabra en el diccionario…).

Buenas noches, Alcázar.

23 de octubre de 2015.
1.14 horas.

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Callejeando

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Rincón de Cáceres

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Soy otoño

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No es casualidad que haya llovido por primera vez. Las últimas gotas de la noche impregnan de luz las calles que todavía duermen. Me bebo el color de esta madrugada ya despierta. Ha estado lloviendo, pero no te has dado cuenta. Yo, sí. Cada perla estrellada contra cada teja. El martilleo rítmico de un baile hídrico. ¿Y qué hago yo despierto? Se escurre la respuesta por las aceras vacías. Estas piedras son demasiado duras para mis pies. Hoy dudo de la falsa realidad, de lo que ven mis ojos, de lo que siente mi pecho, de lo que olvida mi mente, de lo que quiera mi razón, de lo que invente mi torpe imaginación. ¿Has visto el cielo? Juega a ser cierto. Juega alto, juega limpio, juega lento. Y rompe a llover de nuevo. Ya caen sus gotas desahuciadas sobre mi alborotado pelo. Porque hoy es otoño. Yo soy otoño. Y la lluvia siempre, siempre me acompañará. Y si no lo hace, bailaré solo, bailaré lento. Pero siempre, mirando al cielo.


Campanario

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