Churrigueresco

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José Benito está indignado. La Gaceta de Madrid ha publicado que su estilo es churrigueresco. Algo que sería un insulto si no fuera porque Juan Benito precisamente se apellida Churriguera y ese es su estilo. Aun así, el arquitecto ha salido a la calle y, a voces, ha buscado a Juan de Goyeneche, editor y periodista, para que enmiende la ofensa. Le encuentra delante del Palacio de Goyeneche. Es decir, su palacio. El palacio que preside la plaza de la ciudad que él ha fundado a las afueras de Madrid, recuperando el nombre de su patria navarra: Nuevo Baztán. Ambos discuten mientras el arquitecto habla de las maravillas de su obra, su fachada, sus líneas, su magnificencia… Pero Goyeneche se despista un momento, mira mi cámara, se acerca y me señala ofuscado: “Pero ¿qué es eso, señor? ¿Qué son esas extrañas lentes que me apuntan?” “Brujería”, le contesto metiéndome en mi personaje improvisado. “¡Te estás quedando con mi alma!”, responde asustado mientras se acerca Churriguera, que ha seguido su discurso ajeno a nuestro duelo. “Pero señor, ¿con quién habla?” “Con un señor que tiene un extraño artefacto”. “¡Pero si aquí no hay nadie! Está usted delirando.” Y los dos ilustres prosiguen su divertido diálogo que he interrumpido con mi anacronismo. Afortunadamente las artes escénicas tienen estos pequeños genios llamados actores. Bravo por ellos. Bravo por los churriguerescos.

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