No existen los milagros

HEC_0038 (Copiar)

No existen los milagros. Que ninguno de los quinientos visitantes que admiraban los jardines de Aranjuez el pasado 30 de agosto resultara herido no es ningún milagro. Porque los milagros no existen. Si nadie resultó herido fue gracias a los agentes de seguridad, a los vigilantes, al personal cualificado y al protocolo que funcionó en un tiempo récord. Porque el asunto no es de broma: en alguna ocasión me he visto en mitad de uno de estos jardines cuando se ha desatado una pequeña tormenta. Y verse rodeado de miles de árboles, algunos más que altos y con troncos bicentenarios, sobrecoge. El viento golpea las copas de tal manera que parece que se va a acabar el mundo. Pero nunca pasa nada. Nunca pasó. Hasta el pasado domingo, cuando un tornado (datos oficiales) registró vientos superiores a cien kilómetros por hora. Y no me puedo ni imaginar el terror de quienes lo vivieron desde dentro. Porque empezaron a caer ramas, troncos, árboles enteros. Más de doscientos ejemplares se tumbaron en el Real Sitio de Aranjuez sólo en sus jardines históricos, sin contar los de la ciudad, también abundantes. Doscientos caídos, muchos de ellos centenarios, algunos bicentenarios, con alturas de entre veinte y cuarenta metros. A los que hay que sumar los que han sufrido graves daños y serán retirados en las próximas semanas.
Pero suele pasar que cuando ocurre algo así, siempre hay quien intenta mitigar su dolor echando culpas. Acusando. Eso está bien si se consigue aprender para la próxima. Pero es curioso que casi siempre se hace sin argumentos, sin datos, sin documentación, sin haberse informado previamente. ¡Qué fácil decir ahora que hubo dejadez de funciones, que esto se podía haber evitado o, al menos, mitigado si los responsables (Patrimonio y Ayuntamiento) hubieran “hecho sus deberes”! ¿Qué deberes hay que hacer cuando un tornado arrasa un lugar? No hay nada que hacer. Cuando los árboles se arrancan de raíz por centenares, nada se puede evitar. Una cosa es que nos quedemos a gusto despotricando para vaciar nuestra rabia. Y otra, querer llevar razón. Porque ¿saben esos indignados, expertos en todo e ignorantes de nada, que en Aranjuez existe una “Ordenanza municipal de protección y fomento de arbolado” y un “Plan Especial de Gestión del Riesgo del Arbolado”? Ambas medidas preventivas, pioneras en toda la Comunidad de Madrid, tienen por objetivo “poner en práctica las técnicas más avanzadas para intentar paliar los problemas del arbolado ribereño a través también de un mayor seguimiento y control de los ejemplares, lo que ha servido para reducir considerablemente el riesgo de colapso de troncos y ramas.” Aranjuez ya contaba con un inventario arbóreo de la ciudad, y el Plan utilizaba los datos que ofrece el Sistema de Información Geográfica (GIS) para realizar el seguimiento y control de cada ejemplar, con el objetivo de prevenir cualquier tipo de enfermedad o incidencia posterior. Un Plan que funcionaba en la práctica: una de las últimas podas preventivas tuvo lugar en marzo del presente año en una de las calles más afectadas por el tornado: la Avenida de la Estación, donde la Delegación de Medio Ambiente, Jardines y Parques podó ocho ejemplares adultos y taló un árbol para evitar su caída. Por su parte, Patrimonio Nacional lleva a cabo podas periódicas, y en el “Plan de Actuación” vigente está contemplado el “tratamiento del arbolado de gran porte en los jardines históricos del Real Sitio de Aranjuez” (punto 2,1). Patrimonio Nacional gasta anualmente dos millones de euros en la poda y mantenimiento de los jardines históricos de los cinco reales sitios (Aranjuez, La Granja, El Escorial, El Pardo y Palacio Real de Madrid). Un presupuesto con el que se obtiene un equipo técnico y humano compuesto por seis oficiales jardineros y 19 auxiliares jardineros para que, entre mayo y octubre, hagan labores de conservación ordinarias, intensivas y repetitivas, como trabajos de arboricultura, tratamientos fitosanitarios, abonados, riegos, recorte y perfilado de setos, desbroces selectivos, rozas, escardas, entrecavas, limpiezas ordinarias, retirada de restos, tratamientos herbicidas, destoconados, poda de refaldado y retirada de marras. Además, habitualmente se lleva a cabo la conservación de plantaciones y alineaciones arbóreas, podas ornamentales en el arbolado, conservación de caminos y viales, reposición de marras en el arbolado, setos y arbustos y mantenimiento y reposición del mobiliario urbano, entre otras medidas. El equipo de mantenimiento de estos jardines históricos de Patrimonio Nacional está formado por un ingeniero Director de trabajos y un Jefe de servicio con categoría de ingeniero superior o técnico. Patrimonio Nacional exige a las empresas contratadas disponer de maquinaria mínima, como plataforma de elevación telescópica, excavadora hidráulica, cisternas de agua, tractores con cuba, motoniveladoras, camiones basculantes, sopladoras, motosierras, motodesbrozadoras o cortasetos. Así que… ¿Qué dejadez de funciones? Siempre se puede mejorar. Las críticas son buenas porque de ellas se aprende. Podemos revisar actuaciones y pensar constructivamente, no estancarnos ni cruzarnos de brazos. Pero decir falsedades es atentar contra estos profesionales que trabajan sin que nos demos cuenta, y cuya labor ya ha evitado muchas tragedias. Lo que pasa es que las tragedias no son noticia cuando se evitan. Sólo nos acordamos de ellos cuando algo malo ocurre. Y los árboles caídos no estaban enfermos ni suponían un riesgo; simplemente, nos ha arrasado un tornado. Por mucho control y muchos trabajos que se hubieran hecho, la única medida preventiva eficaz habría sido talar todos los árboles. Y, desde luego, sólo a George Bush se le habría ocurrido.
Así que podemos indignarnos todo lo que queramos y echar culpas desinformadamente para quedarnos a gusto. Y también podemos decir aquello de que “ha sido un milagro.” Pero no es verdad. Que nadie haya resultado herido no es un milagro. De la misma manera que volver a disfrutar de los encantos de Aranjuez, volver a verlo brillar, levantarlo del suelo tampoco lo será. Porque es gracias a ellos: los jardineros y los trabajadores de Patrimonio Nacional y de Aranjuez, profesionales que desde el primer día están trabajando a destajo. Los he visto deambular por el interior de los jardines trabajando duro. Uno de ellos posa para mí a lo lejos. Me encanta cómo sostiene su herramienta de trabajo, ese rastrillo con el que está poniendo orden en el caos, como si fuera una varita mágica, orgulloso de su labor. Veo en el suelo cómo va surtiendo efecto; cómo la tierra vuelve a verse por donde ya han pasado. Le hago la foto y me saluda con la mano en alto. Le devuelvo el saludo y continúo mi camino entre los restos del desastre. Desde luego que faltan medios. Siempre faltan cuando ocurre una catástrofe. Podemos exigirlos e intentar que nos presten más ayuda. Porque hoy, días después, todavía queda mucho trabajo por hacer. Cuesta pensar que un día todo vuelva a estar como antes. Y, de hecho, nunca lo estará: faltarán esos doscientos ejemplares ya desaparecidos. Y lo más duro será cuando abran las puertas de los jardines y nos vuelvan a dejar entrar. Ese primer paseo, comprobando el vacío dejado por los viejos amigos de madera, será duro. Pero necesario. Necesario para comprender que no existen los milagros. Y que sólo con trabajo se alcanzan objetivos. Nosotros dejaremos nuestro testimonio, porque es lo que nos toca, para que, dentro de cien años, valoren más el tesoro que guardan nuestras calles y el trabajo de quienes lo hacen posible. Porque ningún tornado acabará con lo más valioso de Aranjuez: su ausencia de milagros. Esto es: la presencia de su gente. Sus jardineros, sus botánicos, sus forestales, sus técnicos, sus guardas, sus vigilantes, sus barrenderos…

Gracias a ellos.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.