No habría sido lo mismo

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Atrás quedó el Pantano de San Juan. Por la carretera, cogidos de la mano, flirteando con las primeras caricias, los primeros abrazos, nuestros primeros pasos cuándo éramos sin estar. ¿Te acuerdas de aquella tarde despreocupados? Resucitaste un muerto sólo con mirarlo. ¡Todo por mi torpe ingenuidad! Pero llegamos a Ruidera, y sus lagunas fueron nuestras. Por siempre nuestras serán. Porque allí besamos la Luna por primera vez. En la laguna de la Cueva comenzamos a soñar. Y por soñar que no quede, y por querer que no sean nuestras lágrimas algo que olvidar. Porque lloramos riendo, como las lagunas de Ruidera, como sus cascadas, sus lenguas, sus avenidas. Pero el paraíso hay que respetarlo; nos marchamos a vivir a otro lugar dejando en los labios un sabor de eternidad. Llegamos a nuestro hogar cogidos de la mano. Estrenando nervios, dudas y algún quizá. Nadie creía que pudiéramos levantarlo, pero nos empeñamos en creer en sus cimientos. ¡Cuánto nos costó nuestro techo! Al fin es nuestro, al fin vivimos dentro. Luego llegaron los conciertos, luego llegaron las canciones, luego Antonio Vega, Mägo, luego Revólver. Luego Palacio y sus luces, luego Godoy el muy traidor, luego nuestro primer coche, luego algún raspón y un choque. Pero nada muere si respira, y nos levantamos para bebernos el aire de todos lados. Así quemamos carreteras, así quisimos ver lo que había fuera. Las avenidas llenas de gente en Madrid, corriendo siempre sin saber adónde ir. La lluvia en Fontibre, la bajamar de Santander, del Gigüela su salitre, de Zaragoza el sol en tu piel. Los interminables paseos por Toledo, Salamanca anocheciendo; en Vega del Codorno, ver despertar al Cuervo. De Alicante a Barcelona; en Azuer, su Motilla: en Consuegra, su castillo; el Alcázar de Sevilla; las piedras de Trujillo; la mezquita de Córdoba. Y entre beso y beso, y entre foto y foto, tantos y tantos lugares, tantos y tantos recuerdos.
Oscurece y yo te espero esta noche que es tu noche y la mía, como cantaba Goñi, como cantamos nosotros al mismo tiempo. Oscurece y te espero, porque esta noche es la noche; y tu vida, mi destino. No es tan malo mirar atrás si por delante el camino es infinito. Y nada habría tenido sentido; no hubiera sido lo mismo; no habría llorado, no habría reído, no hubiera si quiera vivido… con la misma intensidad, con la misma verdad, estos doce últimos años de mi vida, si no fuera contigo.

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