Pórtico de la Lavandera

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La idea del Park Güell que Antoni Gaudí contempló cuando inició las obras de este espacio único en 1900 era la ascensión de lo mundanal a lo ascético. Y para ello se sirvió de la orografía de la parte alta de Barcelona, donde imaginó una urbanización de lujo que finalmente fracasó y se reconvirtió en parque público. Un parque público colmado de viaductos, pasadizos y caminos para elevar el espíritu desde la entrada (la parte más baja) hasta el Calvario que lo culmina. Y, siempre, de la forma más bella y original posible. Este llamado pórtico de la Lavandera es uno de los muchos que cubren una distancia total de más de trescientos metros uniendo diversas partes del parque. Usa, como aquellos, un recubrimiento rústico de piedras que tapan el ladrillo más vulgar. Pero llama la atención por su inclinación. En el interior la sensación es extraña, como si las columnas realmente estuvieran rectas y fuera el resto del mundo lo que está inclinado. Es difícil hacerse un hueco entre tanto turista y sacar una imagen limpia. Tampoco quiero tomar la típica imagen con el punto de fuga en el centro. Pero no lo puedo remediar: la fuerza visual es tal que sin darme cuenta ya he hecho la foto. Al menos me encanta la luz de este atardecer, cálida y sosegada, que le da un aire diferente de tantas y tantas tomas repetidas de este rincón del planeta Tierra. Quizá, sin saberlo y con suerte, también nos hemos vuelto un poco más ascetas. Y eso tiene mérito hoy en día.

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