La belleza de lo funcional

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Parece una simple escultura, pero es la salida de una escalera en la azotea de un edificio: la Casa Milá, en Barcelona. Un baile de figuras imposibles, guerreros, fantasmas, figuras retorcidas, setas, cruces volumétricas y demás genialidades fue creado por Gaudí hace más de un siglo. Su objetivo: desterrar la horrenda manía de los arquitectos más vulgares de rematar los más bellos edificios con elementos metálicos, chimeneas anodinas y demás convencionalismos que afeaban los tejados. Para Gaudí, la azotea de un edificio era estéticamente tan importante como su fachada. Y no sólo eso: la funcionalidad imperaba. No se trataba de embellecer sin más: todos los elementos creados eran útiles, e incluso fue pionero en el ahorro energético (recubría las fachadas de sus edificios con un desván que regulaba térmicamente su interior) y el reciclaje (empleaba material de escombreras como elementos decorativos). Todavía hoy se discute sobre la inspiración de las chimeneas, las torres de ventilación y las casetas de las escaleras de sus azoteas. Qué podrían significar estas formas, que parecen caras, rostros y cabezas inquietantes, que miran al asombrado visitante, sin saber que ha caído preso de la arquitectura más sugerente y atractiva.

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