La fuente mágica

HEC_0216 (Copiar)

La mágica fuente despertó. Atravesada por el sol, el agua bailaba al compás de la música. Inventada coreografía de improvisados pasos. Un, dos, tres, un, dos, tres. El empeño del hombre por embellecer lo mundano, por humanizar la deshumanizada ciudad. Contraluces líquidos. Inestables cuerpos de chorros tambaleantes. Parábolas imperfectas de perfectas imperfecciones. Hipérboles. Geometrías acuosas. Mapas de la fugacidad. Estudios arquitectónicos de la gravidez. Física del instante. Poética de la mortalidad. Deja escapar este momento para dar sentido al siguiente. Todo se descompone paralizado. Por eso aumento la velocidad al máximo y congelo la escena: los chorros se convierten en gotas; los bailes, en quietud. Catedrales de cristales brillantes. La música muere. No tiene sentido una fuente congelada. Como no tiene sentido mi cámara a mi alma anclada. ¿Cómo hablar sin palabras? ¿Cómo sentir con imágenes? ¿Cómo expresarlo todo con la mirada? «¡De mil maneras!», me digo. «¡De mil maneras!» Y me marcho sin dejar de mirar al sol, que me deja ciego y loco, que me ha enseñado una vieja lección.

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