[MIL PALABRAS] Esto es sólo un boceto

Dos de los lanzamientos literarios más esperados de este año serán sendos libros escritos hace más de medio siglo cada uno. Al menos en España, pues uno de ellos se trata de una obra desconocida de Pío Baroja, el donostiarra obsesionado con la Guerra Civil, que cierra su trilogía “Las Saturnales”, iniciada con “El cantor vagabundo” y continuada con “Miserias de la guerra”. Resulta que había una tercera obra olvidada en una carpeta perdida en su residencia familiar navarra. Lleva por título “Los caprichos de la suerte” y verá la luz por primera vez en noviembre de la mano de “Espasa”, sesenta y cinco años después de que Baroja la escribiera. Los responsables de esta edición ya lo advierten: no es uno de sus mejores libros. Pero ¿qué se le puede pedir a un hombre que lanza un libro inédito cincuenta y nueve años después de morir?
El caso de Harper Lee es incluso más curioso: la autora de “Matar a un ruiseñor” (considerada una novela “casi perfecta”) despareció del mundo después del enorme éxito conseguido y jamás volvió a publicar nada. Logró el ansiado deseo de muchos aspirantes a escritores: éxito, fama, posibilidad de emprender una carrera consagrada desde el debut… Pero en vez de subirse al carro, abandonó la literatura para vivir anónimamente y sin preocupaciones, lejos de los focos, lejos de todo. Hasta ahora; pues inesperadamente ha decidido editar “Ve y pon un centinela”, la que será su segundad novela, que verá la luz a mediados de julio, cincuenta y cinco años después de “Matar a un ruiseñor”. Pero lo hará con cierta polémica: dicen las malas lenguas que la escritora, casi nonagenaria y recluida en un asilo norteamericano, ha sido, digamos, “convencida”. Cuando alguien le preguntó sobre su nuevo libro, contestó: “¿Nuevo libro? ¡Ah, no! Ese es mi viejo libro.” Y es que lo escribió antes que “Matar a un ruiseñor”. Por qué ha decidido ahora compartirlo con el mundo rompiendo un silencio tan férreo y largo. Quién sabe. El eco mediático garantiza un éxito anunciado: las librerías norteamericanas más previsoras ya han encargado miles de ejemplares, aun sin saber si se trata de una nueva obra maestra o un simple boceto (esperen ustedes a que se publique; quizá haya sorpresas. O decepciones…).
Está claro que aquí nadie es inmortal: todos vamos a terminar este extraño viaje que llamamos vida antes o después, nos dé o no tiempo a cumplir nuestros sueños. Lo que no está tan claro es qué pasará con todo lo que dejamos en este mundo cuando partimos. Desperdicios, basura, bocetos, recuerdos… Extraño papel recomponer proyectos olvidados y ajenos. ¿Vale la pena? ¿Hay algo interesante en lo que alguien ha decidido ocultar a los demás durante toda su vida? Los más fanáticos esperan cualquier pedazo inédito de la obra de su ídolo, sobre todo si éste ya ha fallecido o se ha retirado. Las tomas eliminadas en las películas, las pinceladas erróneas ocultas tras un lienzo, los manuscritos y las misivas de un escritor… En alguna ocasión le preguntaron a Mike Oldfield por qué no editaba las abundantes maquetas de sus discos que escondía en su estudio. Él simplemente respondió con toda la lógica del mundo: “Porque las he descartado.” ¿Hay algo más noble que reconocer que algo creado por uno mismo no alcanza el nivel suficiente para ser compartido? Personalmente, me molestaría que alguien entrara en los borradores de mi “blog”, pulsara el botón “Publicar” de esta entrara y todo el mundo pudiera leerla. Al fin y al cabo ¿a quién le importa lo que yo piense?

[MIL PALABRAS] es el artículo de opinión dominical de La Retina de Cristal, donde se da protagonismo a las palabras frente a las imágenes. 

Anuncios

Los comentarios están cerrados.