[MIL PALABRAS] “¡Vaya racha!” o el egocentrismo histórico

El pasado 26 de mayo falleció el reconocido director de cine español Vicente Aranda, autor de clásicas adaptaciones como “La muchacha de las bragas de oro” (1980) y títulos imprescindibles como “Juana la Loca” (2001). Una gran pérdida que ha estado acompañada de llantos y alabanzas a partes iguales. Y, con ellos, una frase demasiado repetida últimamente: “¡Vaya racha llevamos!” Se refiere a que últimamente se supone que se mueren todos los genios habidos y por haber, que la masificación de tumbas gloriosas no ha sido antes tan grave, que nuestros más queridos artistas, científicos o personalidades nos están abandonando sin tiempo al asimilo. Casi parece culpa suya al no ponerse de acuerdo. Como una plaga de la que nos sentimos testigos. Eso significa al menos la frase: “¡Vaya racha!”, pues racha significa “período breve de fortuna o desgracia”. Y para justificarlo nos valen desde actores de fama internacional (Robin Williams, 11 de agosto de 2014), a actores de doblaje nacionales (Constantino Romero, 12 de mayo de 2013) o grandes leyendas del blues (B. B. King, 14 de mayo de 2015). Junto a los obituarios y pésames de todos estos grandísimos personajes he leído aquello de “¡Vaya racha!”. Pero ¿no os parece que esa “racha” ya dura demasiado tiempo?
Grandes genios ha habido siempre. Y siempre se han ido muriendo. Lo que pasa es que quizá nosotros ni siquiera vivíamos para enterarnos o simplemente no existía “Facebook” para compartir la noticia, que es lo que está propiciando este egocentrismo histórico: creer que nuestra época es la más importante de todas, que nuestro presente tiene más trascendencia que la de nuestros padres. Pero, ciertamente, es falso: nos guste o no, los grandes genios de la historia, ya sean científicos o artistas, deportistas o escritores, se han ido muriendo a lo largo de las décadas, los siglos, sin importarles si nosotros vivíamos o no. ¡Qué maleducados! ¡Qué ninguneo! Asumámoslo: no ha habido año, ni siquiera un mes, en el que alguien relevante no dejara su cuerpo inerte en algún lugar para formar parte del recuerdo colectivo. Van aquí sólo algunos escasos ejemplos escogidos al azar para comprobar que esa “racha”, ese “breve período de tiempo”, se mantiene al menos desde hace treinta y cinco años: John Lennon, 1980; Bob Marley, 1981; Carl Orff, 1982, Luis Buñuel, 1983; Julio Cortázar, 1984; Orson Welles, 1985; Enrique Tierno Galván, 1985; Rita Hayworth, 1987; Enzo Ferrari, 1988; Salvador Dalí, 1989; Dámaso Alonso, 1990; Freddy Mercury, 1991; Isaac Asimov, 1992; Federico Fellini, 1993; Kurt Cobain, 1994; Fangio, 1995; Rafaela Aparicio, 1996; Narciso Yepes, 1997; Frank Sinatra, 1998: Joaquín Rodrigo, 1999; Tito Puente, 2000; George Harrison, 2001; Camilo José Cela, 2002; Charles Bronson, 2003; Luis Cuenca, 2004; Rosa Parks, 2005; Rocío Dúrcal, 2006; José Luis Coll, 2007; Charlton Heston, 2008; Michael Jackson, (Antonio Vega, para mí, más importante) 2009; José Saramago, 2010; Amy Winehouse, 2011; Eve Arnold, 2012; Nelson Mandela, 2013, Gabriel García Márquez, 2014.
Hoy 30 de mayo de 2015 se cumplen veinte años de la muerte del gran Antonio Flores, compositor e intérprete español que nos dejó muy pronto, a los 33 años. Entonces Internet no estaba tan extendido y desde luego no existía “Facebook”. Muchos jóvenes que hoy dicen “¡Vaya racha llevamos!” ni siquiera habían nacido. Los que sí, sabemos que estas “rachas” duran eternamente: nuestra época no es más especial que cuando murió Cervantes o Einstein o Tales de Mileto o Dalí. No queremos ser agoreros, pero cuando nos dejen (porque tarde o temprano nos dejarán) Stephen Hawking, Harrison Ford, Mario Vargas Llosa, Woody Allen o Clint Eastwood no nos llevemos las manos a la cabeza y muy sorprendidos digamos aquello de “¡Vaya racha llevamos!”. Dejemos de ser protagonistas y no nos llevemos el drama al terreno personal, no nos autoimpongamos el luto como si fuésemos nosotros las víctimas, intentando parecer desvalidos, huérfanos, al borde del precipicio final, arrebatándoles el protagonismo a nuestros muertos ilustres. Seamos más humildes y tengamos más respeto por nuestros genios y sus vidas. La mejor manera que se me ocurre es recordar el epitafio del grandísimo José Luis Sampedro (1917-2013): “Que ustedes lo pasen bien”.

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