Archivo para junio, 2015

[MIL PALABRAS]* “Hallucigenia”

Resulta que estaba al revés. Era un ejemplar único: un cuerpo de gusano con una cola larga, patas finas y una especie de protuberancias en forma de tubos flexibles en la espalda, probablemente para respirar o alimentarse. Era uno de los fósiles más extraños y polémicos, descubierto en 1909 por Charles Walcott en Canadá. Desde entonces ha sido objeto de teorías y estudios múltiples, y todos coincidían en lo alucinante de su fisonomía, de ahí que fuera bautizado como “Hallucigenia”. Pero no ha sido hasta ahora cuando un grupo de paleobiólogos de las universidades de Cambridge y Toronto se ha percatado de un “pequeño” detalle: estaba al revés. Las protuberancias en forma de tubo eran en realidad las patas; las que hasta ahora se creía que eran las patas se han convertido en un mecanismo defensivo adosado a la espalda; y la larga cola se torna en una esbelta cabeza. Una locura. Aun así, dicen los expertos, el ejemplar sigue siendo valiosísimo por la información que aporta de una era, la “explosión cámbrica”, crucial para que los científicos comprendan los orígenes de los primeros animales que poblaron este planeta.
Todo era tan “sencillo” como mirar al revés. Y es que en ocasiones lo que nos resulta obvio se vuelve extraño. Así, nos sentimos como Fito Cabrales cuando cantó, hace ya doce años: “No digo ‘diferente’, digo ‘raro’. Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo el que está cabeza abajo”. Cabeza abajo parece estar este mundo, dotado de la más alta tecnología que jamás ha desarrollado el ser humano, que lamentablemente se derrocha para compartir vídeos absurdos, cuando no grotescos, vergonzosos o simplemente desagradables; noticias falsas; “sesudos” comentarios cínicos, previsibles, carentes de imaginación y abundantes en inexactitudes; citas inventadas y atribuidas a personajes fallecidos hace décadas que no pueden enmendar las palabras que ponen en sus labios; infinitos autorretratos, “selfis”, “autofotos” y demás despliegue de egocentrismos superficiales y vacíos que no hacen más que poner de manifiesto una sociedad con una preocupante autoestima por los suelos (sólo se busca el comentario “qué guapo” o “qué guapa”, esa necesidad de aprobación nunca saciada); y tantos y tantos ejemplos que nos hacen replantearnos si la tecnología de ciencia ficción con la que soñábamos de niños, y que hoy es una realidad, la sabemos aprovechar.
Creo que si alguna vez (nunca digo “de esta agua no beberé”) entro en ese mundo digital tan “socialmente enredado” en las mal llamadas redes sociales, probablemente cogería el aparato en cuestión y le daría la vuelta, pensando, confuso y aturdido ante la avalancha de estupideces: “Está al revés. Tiene que estar al revés.” Desgraciadamente, el dispositivo tiene giro automático de pantalla. Entonces se confirmaría que sí, que el mundo está orientado y Fito y yo estamos boca abajo. Quizá yo también sea un fósil, como el “Hallucigenia”, que no sabe si camina sobre sus pies o con las manos, si toca cielo o infierno, si intuye normalidad o anormalidad, y todavía no ha encontrado su propia cabeza. Pero desde este punto de vista, al menos… ¡qué espectáculo tan curioso contemplo!

* [MIL PALABRAS] es la sección de opinión dominical de La Retina de Cristal, en la que las palabras son las protagonistas frente a las imágenes. 


La Motilla del Azuer

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Están ustedes viendo el pozo de agua documentado más antiguo descubierto hasta la fecha en la Península Ibérica. Se llama la Motilla del Azuer y está en la localidad manchega de Daimiel. Se conocía su existencia desde hace décadas, pero no ha sido hasta esta cuando se ha rehabilitado y se han organizado visitas turísticas. Gracias a ello los curiosos y amantes de la arqueología pueden disfrutar de una construcción única en el mundo: las motillas; conjuntos fortificados de la Edad del Bronce localizados en elevaciones artificiales sobre una gran planicie. Sólo en Castila-La Mancha podemos encontrar estas curiosas construcciones, parecidas a los clásicos castillos, pero circulares y levantados a base de murallas circulares concéntricas. En su centro, una gran torre. Pero su mayor tesoro está bajo tierra.
La Motilla del Azuer fue abandonada hace siglos y permaneció oculta bajo toneladas de sedimentos que la colmataron con el paso de los siglos hasta conformar un auténtico cerro pelado, lo que hizo posible que no fuera repoblado por otras sociedades posteriores, conservándose así intacta. Ya en el siglo XX las leyendas hablaban de un tesoro escondido bajo ese extraño cerro cuando los primeros muros fueron descubiertos casualmente por los terratenientes. Así que ni cortos ni perezosos no dudaron en emplear excavadoras para desenterrar aquellas monedas que lógicamente nunca aparecieron. Luego llegaron los arqueólogos e historiadores que, de forma mucho más planificada, fueron reconstruyendo meticulosamente la impresionante formación. Y hallaron el tesoro, efectivamente, en su centro. Pero no era oro. Era agua: un auténtico pozo, el más antiguo descubierto hasta ahora en España (entre 2200 y 1300 a.C.). El complejo hidráulico sigue vivo, y el agua sube y baja según el nivel freático del cercano río Azuer, llegando a anegar parte de este complejo en épocas abundantes. En definitiva, una joya que, afortunadamente, hoy es sosteniblemente explotada con científicos y especialistas guiando a los visitantes de forma limitada y controlada.
Para ser conscientes mínimamente de la importancia de este complejo arqueológico, basta decir que hay más pirámides catalogadas en Egipto que motillas en todo el mundo. Y de todas las motillas, sólo la del Azuer está rehabilitada y acondicionada para visitas turísticas. Es única, en muchos sentidos. Una joya injustamente olvidada por la ignorancia, pero que los más curiosos pueden descubrir fácilmente.

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Gaudiniano

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Abran los ojos

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Recuperaba no hace muchas fechas mi amigo, experto investigador y digno escritor, Mariano Velasco, en un interesante reportaje sobre los tesoros escondidos de La Mancha, las sabias palabras del gran director de cine José Luis Cuerda: “Quería sorprender al tuerto que sólo ve llanuras en Albacete, por no hablar de aquel que la confunde con un inmenso y anchuroso retrete donde aliviarse y seguir su camino”. Efectivamente, muchos creen que La Mancha, y toda Castilla-La Mancha en general, no es más que un secarral que hay que sufrir para llegar al ansiado mar. Esos “tuertos”, decía el señor Cuerda, son incapaces de descubrir por sí mismos lo que no viene en su guía de viajes, a menudo tan políticamente correcta y anodinamente típica que les hace ir sin ver, viajar sin disfrutar, despreciar sin valorar. Es así cómo se pierden pequeños regalos reservados sólo a los desprovistos de prejuicios. Como este rinconcito que algunos han llegado a llamar “el cañón del colorado español”. No es verdad, no lo es: a este paisaje no le hacen falta comparaciones; es digno por sí mismo, con su nombre propio y sus propias características. No es un destino masificado ni alberga instalación turística alguna. Aquí no hay nada, sólo silencio. Pero estas increíbles vistas en medio de ninguna parte, justo donde los ciegos no ven nada, bien merece una lección. ¿La nuestra? Ocultar el nombre de este bello lugar para que los tuertos aprendan a mirar con sus dos ojos y una mente más abierta. Ya lo decía un presumido y frustrado personaje en “Amanece que no es poco”, musitando sobre su propia estampa en un lindo paisaje: “Anda que no debe de ser bonito esto… ¡Pues no viene nadie a verme!” Pues eso: abran los ojos.


Árbol de nubes

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He plantado un árbol muerto. Crecerá por fuera, menguará por dentro. Se alza, esmirriado esbirro, atrapando lo que yo no tengo. Dentro de su copa, frondosas nubes iluminadas por el sol. Cada rama sosteniendo lo que escupe mi imaginación. Así le doy vida a lo imposible, soplando al viento mi secreto: mirar sin ser visto, creer que estoy cuerdo, gritar bien alto, gritar sin voz, gritar que ni soy ni estoy. Que también me quedo preso en la copa de este árbol muerto, de este impostor, de este trozo de cielo que en sus ramas se enredó.


[MIL PALABRAS] San Antonio

No recuerdo cuándo empecé a seguir a Antonio Vega. En realidad lo hice cuando el músico madrileño ya tenía toda su discografía publicada. Llegué tarde para convertirme en uno de esos admiradores que le seguían de concierto en concierto. Así que poco a poco, disco a disco, fui descubriendo en privado sus canciones, sus letras, sus guitarras. Una música diferente, desgarrada, profunda. Antonio dedicada horas y horas, como una obsesión, a ensayar y ensayar, escribir y escribir, tocar y tocar. En un tema, “Lleno de papel”, expresó la inmensa alegría que sentía cuando la inspiración le poseía: “¡Qué feliz aquella noche rellenando hojas sin parar!”. Confieso de me ha pasado alguna vez: las letras empiezan a nacer sin cesar, las frases se forman solas, los párrafos van invadiendo la página en blanco hasta colmarla de ideas, historias, personajes, locuras… Uno parece sólo un médium, un intermediario de quién sabe qué fuerza, y no puede parar hasta completar esa obsesión con cuerpo de letras y alma de ensoñaciones. Y se siente vivo. Y se siente alguien. Y se siente lleno. “Lleno de papel”, decía Antonio. Lleno de papel, no hay mejor descripción.
El Teatro Real Coliseo Carlos III de Aranjuez fue el primer teatro techado de España. Data de 1768. Su historia es la del fracaso administrativo total: primero sufrió constantes remodelaciones desde principios del siglo XX, profanando su arquitectura original, hasta llegar a convertirse penosamente en un cine. Después fue cerrado y abandonado. A pesar de las constantes reivindicaciones del pueblo por recuperarlo, los veinticinco años de total abandono lo sumieron en la ruina. De él no quedó nada. Sólo, un solar vacío presidido por la fantasmal fachada, que se quedó en pie milagrosamente, como un monolito, desafiando a la gravedad para vergüenza de todos. Desde entonces el pueblo de Aranjuez soñó con reconstruirlo y recuperar su uso original. Pero ninguna administración hizo nada productivo al respecto. Por eso me resulta hoy extraño estar sentado en la butaca de este impresionante edificio, ahora que al fin ha sido reconstruido meticulosamente por el arquitecto Mariano Bayón siguiendo los planos del Siglo XVIII. Me resulta extraño porque nadie vivo pudo estar en el antiguo teatro original. Somos la primera generación en contemplarlo recuperado.
Suena “San Antonio”. Es un tema que Antonio Vega no incluyó en ningún disco. Dice: “San Antonio, junio 13, ya llegó. Esta noche ladra un perro, llama una voz. Late un corazón sin dueño, nunca lo encontró.” Hoy no es junio 13, es junio 14. Qué más da; el concierto homenaje (Malvarrosa 77) que suena por entre las paredes de este impresionante teatro, el teatro de mi pueblo, me emociona. Al mismo tiempo disfruto de la historia de mi ciudad, la arquitectura del teatro y la música de Antonio Vega. No puedo evitar recordar el día en el que le conocí: al terminar una de las últimas ruedas de prensa que dio (falleció en 2009), se bajó del escenario y nos dio la mano uno a uno a todos los periodistas. A mí se me acercó sin que me diera cuenta. Estaba visiblemente enfermo, pero lucía esa sonrisa eternamente escueta y sincera. Me tendió su huesuda mano mirándome a los ojos. Se la estreché y me dio las gracias. ¡Él a mí! Uno, que ha aprendido con los años a no idolatrar a nadie, al menos sí sabe reconocer que un genio es más genio cuanto más se parece a nosotros, modestos aspirantes a algo. Por eso aún suenan en mi interior las melodías, sus melodías, que esta tarde rebotaron por el Real Teatro Carlos III de Aranjuez en una velada inolvidable. Y pienso que nada ni nadie muere si lo podemos revivir. Ya sea un teatro olvidado o la canción de un músico que se ha ido antes de tiempo. Ambos, ya, son inmortales.


Alma de plumas

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Ana traduce los sentimientos en palabras. Ana pinta de poesía tormentas, sueños, besos y lágrimas. Ana tiene alma de plumas y corazón de ámbar. Ana vive entre latidos la fuerza de la imaginación desbordada. Ana ha visto su mundo crecer con sus nuevos compañeros, sus niños, uno más grande que otro, pero ambos igual de enamorados de su karma. Ana ha aprendido a deshacerse de las personas malas, de la gente tóxica, aprovechados prepotentes que poco a poco se van cayendo, se van callando, se van alejando. Y Ana entonces brilla como nunca, con más fuerza, con más vida, con más páginas de inspiración entregada. Su libro ya duerme en mi librería; llegó su poesía, palabra a palabra, sentimiento a sentimiento, para seguir siendo compañeros en este camino, para que siga mi vida a la suya encadenada.
Ana pide perdón por de los besos, labios y amor abusar. Pero nunca hubo mejor abuso ni más innecesario perdón. Porque Ana y su poesía viven para hacer de este un mundo mejor.