Cobertizo

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Dicen que había tantos pasadizos en Toledo hace cinco siglos que la luz del sol no entraba en sus calles, oscuras, sucias, tenebrosas. Hasta que Juana I de Castilla ordenó que sólo sobrevivieran aquellos por los que pudiera pasar un hombre montado en un coche de caballos con una lanza verticalmente apoyada en el estribo. Así se hizo, y hoy sólo nos quedan algunos de estos pasadizos, también llamados cobertizos, los más altos e imponentes, como este de Santo Domingo el Real. Aquí tomo la fotografía y viajo en el tiempo, imaginándome a ese coche de caballos y a ese hombre con la lanza bien alta superando el obstáculo arquitectónico que indultaría este maravilloso anacronismo.

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