[MIL PALABRAS] Exoplanetas

Vuelvo a casa tras un reconfortante pero caluroso paseo por el Jardín del Príncipe. Estamos a finales de abril y las temperaturas empiezan a parecer estivales. Justo cuando entro en casa, el cielo se tiñe de naranja y descarga una imprevista y extraña tormenta. Puedo ver las enormes gotas cayendo a plomo sobre los sorprendidos viandantes que buscan cobijo. Se levanta el calor del asfalto y el vecino de enfrente se asoma a la terraza. Los rayos del sol iluminan la lluvia color oro que rebota por entre las ramas de los altos árboles delante de mi casa. Mi gata entra del patio y me mira como preguntándome qué está pasando. Como si yo fuera el dios que la ha mojado cuando estaba tumbada tranquilamente. Pero no lo soy.
Enciendo el ordenador y leo que los científicos de la NASA han descubierto un exoplaneta potencialmente habitable. Está en la constelación del Cisne, a unos quinientos millones de años luz de La Tierra. No es la primera vez que salta una noticia parecida. Pero pienso: ¿a quinientos millones de años luz de nosotros? Eso significa que lo que nosotros acabamos de descubrir en realidad hace mucho tiempo que pudo desaparecer. Incluso la imagen de la Luna que vemos cuando nos asomamos por la ventana lleva 1,26 segundos de retraso. Es una luna de hace casi dos segundos. Una luna atrasada. El sol, mucho más lejano, podría apagarse de repente y nosotros no nos enteraríamos hasta casi diez minutos después. Seguiríamos viéndole, tan radiante y luminoso, mientras en realidad ya no existiría.
Las distancias en el espacio no sólo son grandes, sino que implican al tiempo en un concepto que nosotros, mortales terrícolas, somos incapaces de asimilar. El recién descubierto exoplaneta podría haber desaparecido hace muchos años, y nosotros seguiríamos intuyendo su presencia… de hace quinientos millones de años. Esto me hace pensar que, en muchos sentidos, los astrónomos tienen más de historiadores de lo que pensamos: buscan señales y evidencias de hechos, lugares y acontecimientos pretéritos. Quién sabe si, dentro de quinientos millones de años, alguien verá desde el telescopio de un lejano mundo la lluvia que hoy moja mi planeta. Imagínense que creyese que es habitable. Qué chasco se llevaría.

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