Archivo para abril, 2015

Paisaje de venas abiertas

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Bebí a sorbos el agua que caía de la montaña. Sin prisas. Ella bajaba abriendo caminos de piedras, discursos de cascadas. Llena de fuerza, vacía de dudas. Rompía el paisaje con venas abiertas. Allí nos encontramos una tarde, como otra cualquiera, cuando ya casi nadie se acordaba de la primavera. Yo llegué antes; ella, a mi vera. Sólo hizo falta el silencio, un beso y nuestra luna llena. Y desde entonces es mi compañera. Vive cuando muero, respira cuando me ahogo y ríe cuando lloro. Han pasado once años y la cascada sigue con las venas abiertas. Nosotros, bebiendo a sorbos su fuerza. Y ese ruido, ese estruendo de río bravo resquebrajando la tierra. Ruido que bautiza un valle y una docena de lagunas como turquesas. Ruido que nace de la ira de una tierra que no deja de dar vueltas. Aunque a estas alturas a nadie le importe si está viva o muerta.

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La mejor fe

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Dijo no a no ser. Dijo sí a creer. Creer en uno mismo, ¿hay mejor fe? Vio en el aire el camino que nadie en tierra le ofreció. Y echó a volar sin más. Con la cabeza alta, las alas desplegadas, un impulso y mucho instinto. Nada que ocultar, humilde y sincero, con el cuerpo expuesto al vacío. Magnífico desafío. Valiente decisión. Y ahora vuela. Y volará hasta que llegue el momento de mirar atrás. Si es que alguna vez quiere mirar. ¿Para qué? El futuro es el destino. Y lo demás, pasado que olvidar. Ya no hay miedo al azul cielo. Ya no hay sombras en su rostro. No hay tropiezos sobrevolando la inmensidad.
Ninguna sensación como ser uno mismo en libertad.


[MIL PALABRAS] Campañas y vilipendios

Me hace mucha gracia ese texto que circula por internet que asegura abogar por una campaña para mejorar la ortografía, y nos explica las diferencias entre haber y a ver, o entre iba e IVA, o entre haya y halla. Me hace gracia cómo se comparte como si fuera la panacea a la pésima situación actual que sufre nuestra malograda ortografía. Me hace gracia porque se trata de un texto lleno de errores gramaticales, donde se usa pésimamente la puntuación e incluso se emplea una palabra (click) que no existe en nuestro diccionario (sí aparece clic). ¡Qué contradicción para una campaña por una mejor ortografía!
Una buena campaña por una mejor ortografía no es compartir un texto que sólo aspira a saciar a ególatras, sino leer libros y quitarnos de encima la soberbia que nos impide acudir al diccionario. Lo peor de todo no es que uno pueda cometer algún error gramatical, que es normal, sino que se vean a diario en los más serios y profesionales medios de comunicación, fruto del trabajo de universitarios ciertamente bien preparados pero, por lo visto, con muy poco respeto por su propio oficio, tan bonito y a la vez tan vilipendiado. Muchos de ellos intentan mejorar, aprender, corregir y avanzar. ¡Bravo por ellos! Pero otros, sencillamente, parece que se empeñan en negar al diccionario, e inventan su propio lenguaje como si tuvieran autoridad para ello. Como muchos expertos ya se atreven a enunciar, rompiendo un tabú que hasta ahora parecía férreo, estudiar un oficio no implica estar preparado para ejercerlo. El talento y la motivación no se compran en las aulas.
Una buena campaña por una mejor ortografía es pensar, cuando nos encontremos con cierto término del que dudemos, si somos capaces de definirlo con nuestras propias palabras. Si no es así, lo mejor es acudir a la RAE. Quizá nos llevemos una sorpresa. Esa sí es una buena campaña por una buena ortografía. Lo demás es pedantería. Que, por cierto, no es lo mismo que prepotencia. Una pista: http://www.rae.es


Cigüeña entre tejados

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Bárcena Mayor

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No hace ruido

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Tan hermosas eran sus armas que las ocultaba bajo tierra. Y a la hora de nacer brotaban fuentes, ojos y borbollones. Cada mañana era un nuevo regalo de la Naturaleza. Cada ocaso, el fin del milagro. Y entre medias, de enamorar, mil maneras. Dicen que nació siendo mujer y morirá como niña. Mujer por su instinto maternal que alumbró diecisiete hijas, sus lagunas. Niña porque siempre llorará, aunque no siempre de pena. Y de sus ojos, nuestras cascadas. Y de sus miedos, nuestros fracasos. Y de sus gozos, aquellas avenidas. Avenidas de rabia y agua, que ponían todo patas arriba. Por sus espejos quedaron presos poetas, escritores y pintores. Almas encadenadas por siempre a la ilusión de haber encontrado el cielo en la tierra. De haber hallado cada fragmento de los astros estrellados en sus arenas. Por eso dicen que el lamento del hombre verdaderamente enamorado, más todavía si perdió el juicio, no hace ruido, sino “ruidera”.


Su simple ser

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No es sepia. Juro que el cielo se tiñó así. Hace mucho que no intento disimular mis carencias fotográficas por esos trucos de aficionados que hoy me avergüenzan. Este era el color original del cielo cuando aquella cigüeña voló por encima de nuestras cabezas hasta posarse en su nido. Nido que había construido en lo alto de las ruinas de un acueducto romano. El sol se estaba poniendo y no pude evitar disparar haciendo coincidir al astro rey justo detrás de la cigüeña. Fui cerrando el diafragma para crear el contraluz y acentuar ese cielo dramático, sedoso, vaporoso, casi pintado por un pincel deshilachado. El perfil de la cigüeña, majestuosa e imperturbable, en lo alto. Dominando el paisaje. Captada la escena, consciente de que “servirá”, continué mi camino, buscando otro objetivo al que capturarle el vuelo, el aterrizaje o su simple ser.