Caleidoscopio

HEC_0017 (2) (Copiar)

Recuerdo que cuando era un niño, mis padres nos regalaron a mi hermano y a mí sendos caleidoscopios. Esos tubos sonaban cuando se giraban, pues los cristalitos que había en su interior iban revolviéndose, y mirando a través de uno de sus extremos, como un telescopio, uno entraba en un universo paralelo de colores hipnotizadores. En la infancia nos encantaba encontrar colores, luces y destellos intentos. Hoy buscamos esos estímulos en nuestras vidas con otras formas, con otros sentidos, con otros intereses.
No hace mucho, en una breve conferencia sobre fotografía, hablaba del peligro del fotógrafo hastiado que, cansado de ver siempre los mismos escenarios, al final prefería quedarse en casa sin salir a buscar nuevas imágenes por terrenos pisados hasta la saciedad. Craso error. No siempre se vuelve a casa con una imagen interesante, igual que no siempre el pescador vuelve a casa con una presa de importancia, pero nuestra imaginación es el mejor anzuelo en el que antes o después picará alguna original idea. Con esa mentalidad tomé esta imagen que, como siempre, no se trata de un truco de Photoshop, programa que no uso, ni de ningún retoque en posproducción. Es, en realidad, una cuádruple exposición tomada in situ. No suelo realizar fotografías abstractas, pero esta al menos me recuerda a aquellos caleidoscopios de mi infancia, y me hace pensar que es importante mantener la ilusión, la originalidad y el sentido de la belleza escondida y revelada en nuestro día a día.

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