Historias fotográficas (Carlos Miguel Martínez)

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Llevaba algún tiempo queriendo hacerme con algún ejemplo de las primeras revistas sobre Fotografía publicadas en España. Tras descartar el primer volumen encuadernado de “Sombras” (1948) por el elevado precio que pedía su propietario, apareció ante mí la gran oportunidad de hacerme con los doce primeros números de la mítica “Arte fotográfico” (AF), correspondientes a 1952, encuadernados en la época y componiendo un libro de más de quinientas páginas. El más que justo precio (1,40 euros) hizo que lo comprara aun sin tener en cuenta la advertencia del vendedor (una tienda de libros antiguos de Madrid): “Tiene el nombre del anterior propietario en la cubierta”. En esta clase de revistas de segunda (o tercera) mano, coleccionadas y encuadernadas por sus propietarios décadas atrás, es algo relativamente común. Cuando al fin me llegó por mensajería y desenvolví el paquete, sobre las desgastadas tapas marrones del libro apareció ese nombre en la cubierta: “Carlos Miguel Martínez”, grabado con letras doradas. Lo introduje en un buscador de Internet y aparecieron varios artículos, reportajes y algún blog que reivindicaba su “injustamente marginada obra”. Y es que resulta que Carlos Miguel Martínez fue un fotógrafo, escritor y humanista que desarrolló su creatividad desde los años 60 como miembro de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid (RSF) y, descontento con ella por el estatus conservador de las juntas directivas homologadas por el régimen fascista de Franco, ingresó en la famosa Escuela de Madrid, un grupo alternativo que dejó una vasta obra expuesta en el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid. Dentro de esa idea de dejar atrás los anticuados valores de la RSF, creó junto a reconocidos fotógrafos de la época (como el famoso Sigfrido de Guzmán) el grupo fotográfico “La Colmena”. Pero no estar dentro de la oficialidad de la RSF les llevó prácticamente al olvido y a la marginalidad. El franquismo terminó por enmudecer esta corriente fotográfica, y desgraciadamente la democracia no ha sabido devolverles la voz, pese a algunos tímidos intentos, como la pequeña y reciente exposición en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid. Afortunadamente, hoy la ausencia de la censura nos permite, al menos, investigar por nuestra cuenta y conocer aquello que en su día fue silenciado o marginado. Todavía sé muy poco de este fotógrafo y su obra. Me comprometo a investigar y estudiar su influencia y aportación a la Fotografía española. Pero no puedo dejar de imaginar que hace 62 años, un Carlos Miguel Martínez de 27 llevó a su tienda los doce números de Arte Fotográfico, que a buen seguro había devorado, para que se los encuadernaran, y pidió que grabaran su nombre con letras doradas en la cubierta. Sólo diez años después crearía junto a sus compañeros “La Colmena”. Hoy, ese volumen está en la estantería de mi casa.

Y ese defecto del que me advertía el vendedor se ha convertido, al menos para mí, en un valor añadido.

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