Lo que no nace, sino resurge

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Cuando los colonos griegos se establecieron en el 575 a.C. en Ampurias usaron la palabra βηρ (Íber) para referirse a este río que nacía en Fontibre. Algo muy simple, pues íber significa ribera. Más tarde desembocó en Híber que, a su vez, dio nombre a la Península Ibérica (aunque, como siempre, hay varias teorías que discrepan). En cualquier caso, este río terminó castellanizándose como Ebro, el más caudaloso de España. Muchos años más tarde, en 1987, un grupo de científicos ratificó lo que los rumores locales apuntaban cada vez con más fuerza: el manantial de Fontibre no es el nacimiento real del río Ebro, sino un afloramiento del río Híjar, que ya ha recorrido veinte kilómetros desde su nacimiento en Valle del Capoo. Y es que en realidad parte del Híjar se infiltra en la tierra (la otra parte sigue superficialmente), y después de casi un kilómetro vuelve a salir en Fontibre, donde tradicionalmente se le ha confundido con el nacimiento del Río Ebro. Y aquí estamos: delante de este nacimiento que es en realidad un afloramiento, presidido por una columna de piedra coronada por una imagen de la Virgen del Pilar (realizada por Jesús Otero en 1951). Pocos saben la verdad escondida tras estas piedras generosas de las que brotan frías aguas. Para ser sincero, yo también era un ignorante. Sólo después de buscar algo de información me he topado con la verdad que nadie allí, in situ, me contó. Así que sí es verdad que se puede revisar la historia, la geografía, la geología. Otra cosa es que lo hagan los contenidos de lo libros de texto (tan académicamente inamovibles, y eso que cambian cada curso), las rutas y las guías turíticas, demasiado politizadas como para aceptar un error histórico. Pero ¿cambia eso acaso este lugar? ¿No sigue siendo igualmente hermoso? Mi fotografía, nada espectacular, no deja de evocarme aquellos días que pasamos recorriendo el pequeñísimo bosque frondoso y fresco, el rumor del agua libre, la naturaleza silenciosa. Hoy, aun sabiendo que este no es el nacimiento real del Río Ebro, sin dudarlo volvería allí a descansar y recargar energías. Y, además, lo haría un poco más sabio, consciente de que nada en este mundo es inamovible y que para conocer la verdad  hay que esforzarse un poco, pues no basta con creerse lo primero que le digan a uno. ¿O en realidad os he tomado el pelo?

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