Archivo para octubre, 2014

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Ministro de Hacienda

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Consejo de ministros

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Camellos

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Los voluntarios de la Puebla Vieja

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La parte realmente interesante de Laredo (Cantabria) no es la que abraza su extensa playa. Esa zona del pueblo es una expansión urbana moderna fruto del auge inmobiliario y turístico de los años 60 del pasado siglo. La parte verdaderamente interesante se encarama a un cerro de poca altura donde se levanta el casco viejo, llamado “puebla vieja de Laredo”, fundado entre los siglos XIII y XVII. Aquí están las cinco rúas, o calles, que parten de la iglesia gótica de Santa María de la Asunción y marcan la personalidad de un barrio único. Son callejuelas que cobijan casonas, casas-torre, conventos, portalones, escudos mobiliarios, plazas, murallas… Desgraciadamente, los pubs degradaron la zona con “música”, fiestas, ruidos, borracheras y demás elementos incívicos. Tanto es así que los vecinos se han organizado en una asociación llamada “Voluntarios de la Puebla Vieja” para recuperar el dañado patrimonio histórico. Su trabajo continúa hoy. Como reconocimiento a la gente preocupada por su propia tierra, valga esta modesta imagen de una de las callejuelas escondidas en la parte interesante de Laredo, perdida en el casco viejo. Suerte.


Conceptos

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El Balcón de la Cardosa se nos presentó como una bienvenida al Parque Natural Saja-Besaya, una extensa región que guarda los mejores bosques caducifolios atlánticos de la Cordillera Cantábrica. Inusualmente en esta región y a estas alturas de año, las altas temperaturas y el radiante sol nos brindaron días de excursiones cómodas y buenas vistas despejadas. Desde aquí contemplamos el valle desde lo más alto, antes de sumergirnos en él sin saber muy bien lo que íbamos a encontrar. Y lo que encontramos sació nuestra sed de naturaleza y fotografía. Una región respetada y usada moderadamente, haciendo posible el aparentemente difícil equilibrio entre la conservación y la explotación. Un equilibro que al final y en realidad no es tan complejo. Basta sólo con cambiar nuestros conceptos de progreso y futuro, tradicional y frecuentemente manchados de capitalismo (porque durante décadas se nos dijo que hay que sobreexplotar un lugar para sacarle las rentas). Pero hoy los conceptos han cambiado: ya no nos tragamos el “aquí vale todo” por un puñado de dinero rápido de los falsos adalides que nos subestimaron. Era todo mentira. Porque si un ciervo fundido puede mantener su equilibrio durante décadas encima de unas piedras, ¿por qué no nosotros? Como dejé en el libro de visitas del centro de visitantes de este lugar: “Gracias por trabajar por la naturaleza y su conservación, y no por la masificación y la sobreexplotación”. Otros “Parques Naturales” deberían revisar sus conceptos.


Lo que no nace, sino resurge

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Cuando los colonos griegos se establecieron en el 575 a.C. en Ampurias usaron la palabra βηρ (Íber) para referirse a este río que nacía en Fontibre. Algo muy simple, pues íber significa ribera. Más tarde desembocó en Híber que, a su vez, dio nombre a la Península Ibérica (aunque, como siempre, hay varias teorías que discrepan). En cualquier caso, este río terminó castellanizándose como Ebro, el más caudaloso de España. Muchos años más tarde, en 1987, un grupo de científicos ratificó lo que los rumores locales apuntaban cada vez con más fuerza: el manantial de Fontibre no es el nacimiento real del río Ebro, sino un afloramiento del río Híjar, que ya ha recorrido veinte kilómetros desde su nacimiento en Valle del Capoo. Y es que en realidad parte del Híjar se infiltra en la tierra (la otra parte sigue superficialmente), y después de casi un kilómetro vuelve a salir en Fontibre, donde tradicionalmente se le ha confundido con el nacimiento del Río Ebro. Y aquí estamos: delante de este nacimiento que es en realidad un afloramiento, presidido por una columna de piedra coronada por una imagen de la Virgen del Pilar (realizada por Jesús Otero en 1951). Pocos saben la verdad escondida tras estas piedras generosas de las que brotan frías aguas. Para ser sincero, yo también era un ignorante. Sólo después de buscar algo de información me he topado con la verdad que nadie allí, in situ, me contó. Así que sí es verdad que se puede revisar la historia, la geografía, la geología. Otra cosa es que lo hagan los contenidos de lo libros de texto (tan académicamente inamovibles, y eso que cambian cada curso), las rutas y las guías turíticas, demasiado politizadas como para aceptar un error histórico. Pero ¿cambia eso acaso este lugar? ¿No sigue siendo igualmente hermoso? Mi fotografía, nada espectacular, no deja de evocarme aquellos días que pasamos recorriendo el pequeñísimo bosque frondoso y fresco, el rumor del agua libre, la naturaleza silenciosa. Hoy, aun sabiendo que este no es el nacimiento real del Río Ebro, sin dudarlo volvería allí a descansar y recargar energías. Y, además, lo haría un poco más sabio, consciente de que nada en este mundo es inamovible y que para conocer la verdad  hay que esforzarse un poco, pues no basta con creerse lo primero que le digan a uno. ¿O en realidad os he tomado el pelo?


El perro de Bárcena

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La primera toma que realicé de este cánido era un primer plano horizontal junto a los dos taburetes de madera (otro día la publicaré). Me encontré con los tres en las calles del pequeño (no mas de noventa habitantes) pero muy interesante pueblo de Bárcena Mayor, en la zona de Cantabria donde no huele a mar, sino a montaña. Atravesamos el Parque Natural de Saja-Besaya hasta el Valle Argoza y nos topamos con esta aldea pintoresca y acogedora. Enfrente de una pequeña tienda que era al mismo tiempo un taller de artesanía, este perro descansaba ajeno al trajín turístico que se paseaba delante de sus morros. Una imagen típica, pensé, pero al poco alcé la vista y vi en el muro de piedras un crucifijo dentro de otro. Así que probé una toma esta vez vertical que lo incluyera, y al mismo tiempo el perro coincidió perfectamente respetando la regla de los tercios. De repente la fotografía ganó sobremanera. Ya en casa pienso en el animal, ajeno a todo, viviendo tranquilo sin preocupaciones metafísicas, políticas, económicas o culturales. Y pienso que si todos nos tomáramos la vida un poco más como él (sólo un poco), todo iría algo mejor.