Marea baja

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Nos recibió con marea baja. Inédita. Desnudó sus arenas para dejarnos ver sus entrañas mojadas. Más tarde nos dijeron que hacía años que el mar no se retiraba tanto. El Cantábrico tímido se asustaba por unos días y sorprendió a los lugareños. Pero nosotros, foráneos, ni lo notamos: era un mar nuevo en una ciudad nueva. No teníamos recuerdo alguno de esas tierras, de esas aguas. Lo extraño se convierte en normal ante quien no tiene referentes. Pasado, presente y futuro tienen, para el viajero primerizo, el mismo significado. Así que, para nosotros, ese extraño mar era un mar normal. Esa marea baja era nuestra marea normal. Esa arena desnuda era nuestra playa normal. Y en realidad éramos nosotros los extraños.

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