Libisosa

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Extraño es el empeño del ser humano en recuperar aquello que ha abandonado. Olvidamos monumentos, edificios, ciudades… Olvidamos historias, recuerdos, supersticiones… Olvidamos nuestro propio pasado. Y lo enterramos todo en parajes que dejamos a su azar durante décadas, durante siglos. Mudamos nuestras vidas a otras tierras, otras ciudades, otros lugares. Y de repente un día, por una casualidad, nos acordamos de que una vez habitamos en un otero, un cerro testigo que se levanta con la fidelidad que nosotros no fuimos capaces de conservar. Y decidimos sacarlo todo a la luz de nuevo: escarbamos y aparecen calles, avenidas, templos, viviendas. Escarbamos y también aparecemos nosotros en forma de huesos. Aparece nuestro pasado olvidado, las ruedas de nuestros carros, las puntas de nuestras flechas, los vasos de nuestros labios. Aparece nuestra insignificancia y nuestra magnificencia. Todo, siempre y nunca, al mismo tiempo. Todo, siempre y nunca, bajo el mismo cielo.
Yo nunca había pisado estas tierras, pero siento como si fuera un reencuentro. Las nubes juegan a iluminar el escenario de nuestra locura, encendiendo y apagando el paisaje, con el mágico dramatismo que sólo ellas otorgan al horizonte. Y hoy, quizá sin venir a cuento, en la antigua Libisosa, me pregunto quién heredará mi cámara cuando yo forme parte de ellas.

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