La historia se viene abajo

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Cuesta creer que hace unos años soñábamos con que quizá todo esto se podría recuperar para enseñar la pequeña historia oculta tras las ruinas olvidadas de un Parque Natural. Hoy el alma se nos cae a los pies, igual que los restos de la Central de Santa Elena (1902), en plenas Lagunas de Ruidera. Los libros de historia y los investigadores (incluyendo miembros del CSIC) han hablado de esta industria que ha permanecido tapiada durante décadas, permitiendo que su interior se conservara más o menos intacto. Así que soñamos con recuperar estas construcciones para crear aulas interpretativas de naturaleza y mostrar a las nuevas generaciones la arqueología industrial. Aprovechar su privilegiada situación para reconvertir esta central muerta en museos. Restaurar la abundante maquinaria con 112 años de historia para explicar cómo sobreexplotamos las Lagunas de Ruidera para alumbrar por primera vez una comarca sumida en la miseria. Pero hoy regresamos para volver a echar un vistazo al pasado… y no encontramos nada: han llegado los expoliadores de chatarra y han arrasado el lugar. Han desaparecido las máquinas, los paneles de control, las turbinas, los motores, los relojes, las ruedas, los engranajes, los ejes… Hasta las vetustas barandillas. Por si fuera poco, el techo de madera ha cedido y se ha derrumbado sobre lo poco que quedaba. La histórica Central de Santa Elena es hoy sólo un esqueleto retorcido de piedras, trozos de hierro, maderas y vergüenza. Por eso este lugar y su visita ya no tienen sentido. No hay nada que salvar. No hay nada que ver. No hay nada por lo que luchar. Los chiringuitos, bares y hoteles levantados tras urbanizar zonas inundables, ganando terreno al agua, siguen en pie, pletóricos de vida.

Y ya no hay nada en lo que creer.

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