Toledo, 1946*

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*No es que haya viajado en el tiempo y haya podido inmortalizar las enigmáticas calles toledanas. Es que al fin he recuperado el carrete de 120 mm. con el que disparé mi Ensign Ful-Fue de 1946. Y no ha sido fácil: entro en la tienda de fotografía y el dependiente me recibe con una cómplice sonrisa: “¡Lo tengo!”. Es un entusiasmo justificado porque lejos de las capitales hoy casi nadie revela carretes analógicos, y menos de medio formado. Semanas antes había ido a Toledo a fotografiar sus calles, consciente de que mi primer carrete de 120 mm. tenía que tener esa pátina antigua que sólo las ciudades más históricas todavía guardan. Pero en mi interior no albergaba muchas esperanzas, pues usar una cámara con casi setenta años de antigüedad tiene sus riesgos. Sin embargo, los resultados han sido más que satisfactorios: mi pequeña Ensign se ha comportado muy dignamente en condiciones lumínicas complejas. De hecho, la falta de nitidez que se observa en estas imágenes no es real, sino producto del artesanal y cutre sistema de digitalización de los negativos que he tenido que realizar yo mismo en mi casa porque no he encontrado laboratorio que me lo haga. Las imágenes de los negativos son limpias, nítidas, claras… Sólo tengo que buscar otra técnica mejor para pasar los negativos al ordenador, o buscar en Madrid algún laboratorio nostálgico, algo mucho más engorroso para mí.
Ya debería haber cerrado, pero el dependiente pasa los últimos instantes de su jornada laboral conmigo,  hablando de las viejas cámaras, de la fotografía analógica, de la digital… “Hay que adaptarse a los nuevos tiempos”; le digo para consolarle. “Sí, pero se han cargado la fotografía. Ahora me viene gente con fotos de móviles, tabletas y cualquier chisme. ¡Y menudas fotografías…!”, se lamenta. Ya no es rentable mantener las viejas máquinas para revelar y ampliar imágenes. Poco a poco va desapareciendo esa industria. No ha habido opción: o digital o a pagar altos precios prohibitivos. Pero aún quedan algunos locos con sus viejos cacharros. Me despido del dependiente y éste me contesta, ya en la puerta: “Gracias por mantener todavía la ilusión por la fotografía analógica.”

Yo sólo pienso que está bien saber que hubo un día en que ver aparecer una imagen de la nada era mágico.

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