Al-Funduq al-Gidida

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Entre el trasiego de la famosa alcaicería granadina se levanta una impresionante portada. Me agacho, busco ángulos y, de cuclillas, alcanzo a retratar el arco de medio punto y su interior, laboriosamente decorado. Normalmente prefiero que nadie aparezca en la escena, especialmente si el público es concurrido y distrae. Pero aquel día una pareja sorprendida se paró justo en la entrada a admirar el lugar. Su presencia me pareció perfecta para dar idea de la escala del edificio. Pero fueron sus caras de asombro y el gesto de ella señalando algún detalle arquitectónico lo que más me gustó de su actuación improvisada. Disparé certeramente. El dedo de la mujer guía al espectador, que sigue con su mirada el espectacular despliegue de arte nazarí de esta antigua alhóndiga, un establecimiento en donde se vendía, compraba y almacenaba grano para socorrer a los vecinos y labradores en épocas de escasez. Esta del siglo XIV es la única completamente conservada en la península Ibérica. Su nombre original era Al-Funduq al-Gidida (Alhóndiga Nueva). Más de un siglo después, ya bajo dominio cristiano, fue usado de hospedería para carboneros; de ahí su actual nombre: Corral del carbón. Hoy lo usa la orquesta de la ciudad, y en su corral se representan obras de teatro, musicales y demás acontecimiento culturales.

Y seguirá despertando miradas de asombro.

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