Paz

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Ascendió tanto que ya no se escuchaban los desagradables gritos de aquellas estúpidas y egocéntricas criaturas manchadas de barro hasta sus hocicos, manchadas de maldad hasta su misma alma, manchadas de ira y rabia hasta el tuétano de sus frágiles huesos, manchadas de envidia hasta su mirada. Sólo, el silencio de la soledad en su total plenitud.

Y al fin se sintió feliz.

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