Improvisada premeditación

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Esta no iba a ser la foto. Un buen fotógrafo (a diferencia de un aficionado) pasa minutos y minutos (alguna que otra hora incluso) buscando un buen encuadre en un mismo lugar. Pero, en ocasiones, tan importante es la premeditación o como la improvisación. Eso mismo me ocurrió este día: salí temprano para fotografiar el casco antiguo de Aranjuez. En la peatonal Avenida de Palacio, los turistas van y vienen, y suelen pasear debajo de la arcada de una casona histórica: la Casa de los Caballeros. Mi intención era jugar con las perspectivas de este lugar desde un extremo, esperar a que pasaran los turistas y retratar su siluetas. Ya tenía una vista perfecta: todo centrado, las arcadas, el paseo, las líneas del suelo… Sólo necesitaba un paseante. Esperé. Esperé. Esperé… Y nada. Era tan temprano y hacía tanto frío que pocos viandantes pisaban la calle. De repente apareció una señora con un bolso colgado de la mano. Era perfecta. Pero en vez de caminar por el centro, como casi todo el mundo hace… ¡Siguió la hilera de baldosas descentradas! Rápidamente tuve que moverme y alinearme con dichas baldosas para hacer que la señora fuera el punto de fuga y la línea blanca del suelo guiara la vista del observador. Ya nada estaba centrado, pero quizá incluso así el resultado es una imagen más dinámica y original. Creo que si no llego a pasar premeditando la imagen tanto tiempo no habría tenido la capacidad de improvisar y reaccionar en segundos.

Paradojas de la Fotografía.

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