Añoranza (Ana López)

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Añoro ese manto que cubre cimas.
Espejos, reflejos de ensueño en lagos.
La soledad absoluta de esa casa, en lo alto,
como el único ciprés que quedó en pie.

Como mi único yo. 

Añoro ese sigilo que provocas.
No dices nada (¡No rompas el silencio!).
Me visto de tu frío.
Sueño con tu tacto.
Asombrada de tu fuerza,
antes agua, ahora hielo,
Lanzas copos distintos, diferentes,
innegable que dos son iguales…

y te recuerdo con melancolía.

He visto tu filtración en las más duras rocas,

siendo una niña

quebrarlas al congelarte,
para hacerte poderosa.

para luego morir de nuevo en lágrimas de mujer. 

¡Qué poderosa eres!; ¡qué delicada!
Osada alma. Pero si te adoro demasiado,
si dejo que mi corazón siembre amor,
tú te deshaces de la pasión
y triste recojo esencia que cae de mis manos.

Y dicen que sobre los cobardes no hay nada escrito,
sin embargo sin cobardes no hay valientes,

como sin tormenta no existe calma

como sin invierno, primavera,
como sin desamor, amor,

como sin cristal, nieve.

Y eres capaz de soportar la agonía,
de tal metamorfosis…
sin tu coraje morirás sin renacer.
Pero demuestras que tan sólo un cederte, un adaptarte:
no sólo sobrevives,
no sólo creces,
no sólo progresas y te elevas de nuevo,
sino que haces tuya la existencia.
Y a los que como yo, perdidos y asustados,
sin rumbo buscamos la nuestra,
te añoramos vida líquida.
Admirando tu cambio, asombrados.
Y tu sabiduría de siglos.

anciana, mujer, niña…

Observo pues tu camino, deseando el verte,
para de ti cultivarme…
…sin poseerte, sin poder amar

…con esta triste y melancólica añoranza.

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[“Añoranza”, de mi buena y vieja -en el buen sentido de la palabra- amiga, la gran poetisa Ana López López, publicado originalmente en su libro “A solas / Rincones de mujer”, abril de 2012]. 

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