Juego de perspectivas

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Los grandes edificios de Aranjuez tienen un gran estudio no sólo arquitectónico, sino también estético. El casco histórico luce un elaborado juego casi escenográfico bien alejado de los desordenados ensanches emprendidos desde finales del siglo XX. Un claro ejemplo es la Plaza de San Antonio, popularmente llamada “Plazuela de la Mariblanca” o simplemente “la Plazuela”. Es un gran espacio vacío circundado por arcadas y presidido por un edificio religioso (la iglesia de San Antonio) relativamente pequeño para no eclipsar el espacio que preside. Algo completamente inédito en la época, cuando los edificios religiosos debían acaparar ostentosamente el protagonismo en las calles de sus pueblos. Dicen que Francisco Sabatini, arquitecto de Carlos III, no comprendió un templo tan pequeño en una plaza tan grande, y quiso sustituirlo por otro de mayores proporciones. Afortunadamente no lo logró, y hoy seguimos disfrutando de los juegos visuales de un edificio con más de 260 años en el que Santiago Bonavía resolvió el problema de entrar en la gran plaza por otro lugar que no fuera el frontal: desarrolló un cuerpo central circular de tal manera que, mirando desde cualquier ángulo, la estética de la iglesia será prácticamente la misma. Una prueba son las imágenes que componen esta entrada: arriba, una toma desde detrás de la iglesia, fuera de la plaza; abajo, una vista lateral; y, finalmente, dos frontales. Otro secreto de estas perspectivas es que todo el conjunto central de la iglesia no es recto: la arcada y la planta del atrio ondulantes hacen que la vista sea perfecta desde cualquier ángulo sin alterar la vista frontal.

Porque hay veces que las apariencias sí importan.

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