Ensign Ful-Vue

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Dice el genial Músico (con mayúscula) Fito Cabrales (líder de “Fito & Fitipaldis”) que cada vez que ve a alguien con una guitarra, le pide poder cogerla, observarla y tocarla, ya sea una modesta o de “alta gama”. Algo parecido me ocurre con las cámaras fotográficas: son máquinas atractivas, casi mágicas. Pero hay algo más cautivador todavía en las cámaras antiguas: quizá sean sus desfasados diseños que hoy nos embelesan, como si fueran en sí mismas obras de arte dignas de museo, o el hecho de que gracias a ellas la Fotografía se abrió paso y evolucionó de la mano de los atrevidos pioneros. Así que cuando vi esta preciosa Ensign Ful-Vue de 1945 disponible a un precio razonablemente aceptable, no pude resistirme: la compré. Y cuando me llegó en su funda de cuero original, el olor a historia se desplegó inmediatamente. Un olor a máquina del tiempo. Ahora la aso y me pregunto qué manos la sostuvieron cuando la compraron. Me imagino ese nerviosismo de cuando uno hace una inversión importante en un aparato de última tecnología y espera que dure lo máximo posible, para rentabilidad esa inversión. Pienso qué instantáneas ha podido realizar una cámara de fotos nacida justo al término de la II Guerra Mundial. Me imagino cuántas personas retrató, cuántos paisajes habrá inmortalizado, en cuántas fiestas habrá estado presente… Y me pregunto si su primer dueño imaginaba que hoy, casi 70 años después, iba a caer en mis manos con su misma funcionalidad. Si sabía que iba a despertar en mí esa misma curiosidad, esa misma ilusión, esa misma pasión fotográfica. De momento sólo me queda comprar carretes de 120 mm. y retroceder en el tiempo, a aquellos días en los que para hacer fotografías hacía falta tener… una cámara de fotos.

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