Demasiado alto

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Luego están los que buscan altura, aunque sea aplastando. Qué más da. Lo importante es estar arriba, por encima, superiores, altivos, prepotentes, siempre pisoteando al prójimo. Un prójimo del que no valoran nada. No les importan sus sentimientos, sus pensamientos, sus éxitos, sus hazañas. Lo único que quieren de ellos son sus nucas dobladas, sus cuellos estirados, sus cabezas alzadas para que les miren desde las bajuras. Otrora eran dioses o deidades, héroes o mitos, alegorías o reyes los que se alzaban sobre pedestales. Hércules lucha con la Hidra para ser inmortal, para divinizar la figura del líder supremo al que todos admiran. Hoy nosotros mismos construimos nuestros fatuos monumentos. Ornamentos artificiales para ocultar nuestras naturales carencias, nuestros abundantes defectos, nuestras humanas debilidades. Y sentirnos siempre arriba. Pero a veces queremos estarlo tanto que sólo nos llegan nuestras propias voces. Queremos estar tan arriba que esa misma altura nos deja ocultos detrás de las ramas y nadie nos ve desde abajo.

Y si un día caemos nadie recogerá nuestros pedazos.

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