Cuestión de perspectiva

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Uno de los grandes pilares de la Fotografía es hacer pasar por verdad lo que es mentira. En realidad, como en cualquier arte. Es una interpretación de lo que vemos, del mundo y sus habitantes… Instantáneas simplonas de paisajes naturales, panorámicas y demás sólo sirven para insulsas postales o como recuerdos personales. Hasta Ansel Adams, pionero de la fotografía paisajística, imprimía su toque, su interpretación, su personalidad en sus magistrales instantáneas. Sin ese componente, sin una intención a la hora de fotografiar, la imagen carece de sentido y se convierte en una pérdida de tiempo. Hacer que una chimenea de poco más de un metro de altura parezca mayor que el Cristo del Cerro Sagrado Corazón de Cuenca (que mide treinta metros de altura) es cuestión de perspectiva: teleobjetivo a 230 milímetros y F36 para aumentar la profundidad de campo. La monumentalidad del Cristo concluido a finales de los años 60 parece intimidada por la funcionalidad de una humilde chimenea rural. Me gustaba la idea de robarle el protagonismo al monumento, único personaje en miles de fotografías realizadas en esta ciudad castellanomanchega. Y es que la originalidad debe ser una premisa en cualquier oficio, en cualquier empresa, en cualquier pasión. No hay que “tirar” fotografías; hay que pensar una fotografía. Las más ingeniosas son capaces de contar historias sin una sola palabra. Aunque no todas tienen por qué narrar algo ni ser tan “complejas”: el simple placer de visualizar formas, contornos, texturas y composiciones meticulosas y equilibradas justifica eternizar una imagen. Nuestro compromiso a la hora de hacerla pública debe ser honesto, porque en ella se queda algo tan valioso como el tiempo que invertimos en tomarla.

Y, lo más importante, el de quien la mira.

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