Todo por unas campanas

Tubular Bells 2 - bn (Copy)

Todavía recuerdo la fuerza de los focos deslumbrándome encima del escenario, ante un auditorio abarrotado que llenamos en un cuarto de hora. Recuerdo nuestra preocupación cuando nos arriesgamos a hacer un segundo pase al día siguiente, pues no estábamos seguros de que fuera a acudir más gente, y encontrarme el vestíbulo inundado de melómanos, de todas las edades, de todas las ciudades, buscando un autógrafo de los músicos, de los orquestadores, de los técnicos… ¡Mío! Era el pistoletazo de salida a una serie de conciertos que congregó a un total de cinco mil espectadores en tres ciudades distintas. Bendita locura que nos llevó meses de ensayos y organización, preparativos y nervios. Coordinar a tanta gente de tan diferentes sectores y hacer que todo funcionara para satisfacer a un público tan exigente como lo son los aficionados a la música de Mike Oldfield… Era ambicioso. Y todo ocurrió hoy hace exactamente una década. Nadie sabe y nadie nunca sabrá más que “ella” lo mal que lo pasé, las horas bajas, los desánimos y los problemas surgidos y ocultados para que desde fuera todo fuera una fiesta. Ella siempre estuvo a mi lado, como mi talismán siempre recargado, como mi ángel que nunca se cae, como ese apoyo que está a la sombra para darme su luz. Recuerdo ver mi ilusión reflejada en sus ojos, y cómo eso me daba más fuerza aún. Y eso que sólo llevábamos tres meses de camino recorrido juntos. Apostó por mí a ciegas, con esa extraña y recíproca sensación de conocernos de toda la vida. Recuerdo cómo congenió con David Bedford, el genial músico inglés que tuvimos el honor de tener como invitado estrella. Recuerdo su increíble sentido del humor y su sonrisa bonachona. Hoy David ya no está entre nosotros y el sueño parece lejano. Pero fue real. Lo conseguimos. Nunca lo olvidaré. Por muchas décadas que pasen.

Y todo por unas campanas. Unas campanas tubulares.

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