Archivo para noviembre, 2013

Subir bajando (o bajar subiendo)

HEC_0037-2 (Copy)

Llega un momento en el que uno no sabe si va subiendo o bajando. Si ese camino que parece empinado es en realidad cuesta abajo. Si las escaleras por las que descendemos realmente nos llevan arriba. Las perspectivas son extrañas, confusas, engañosas. Y al final nos damos cuenta de que estamos dando vueltas en círculos. Últimamente necesito centrarlo todo con mi cámara: buscar un eje y situar en él el mundo. Esta escalinata centenaria no me lo permitía. Así que giré la cámara los grados suficientes para que la arista central fuera completamente vertical. Inmediatamente el resto de la escalera pareció alinearse, proporcionarse, equilibrarse: se abrieron en abanico los peldaños y se formó una U central en la parte superior casi perfecta. Y entonces la misma escalera subía y bajaba al mismo tiempo. Si alguien apareciera por la izquierda, descendería la inclinada escalinata y, según fuera recorriéndola hacia la derecha, ascendería sin dejar de bajar peldaños. Al menos, desde mi inclinada perspectiva. Y pienso cuántas personas juegan con nosotros a subir mientras parece que descienden. Cuántos parecen que van cuando en realidad vienen. Cuántos dicen que se van, pero en realidad se quedan. Así que he decidido inclinar mi perspectiva a ver si encaja algo.

Y al final me doy cuenta de que lo que necesito es una aspirina para el mareo.

Anuncios

Cuestión de perspectiva

HEC_0120 (Copy)

Uno de los grandes pilares de la Fotografía es hacer pasar por verdad lo que es mentira. En realidad, como en cualquier arte. Es una interpretación de lo que vemos, del mundo y sus habitantes… Instantáneas simplonas de paisajes naturales, panorámicas y demás sólo sirven para insulsas postales o como recuerdos personales. Hasta Ansel Adams, pionero de la fotografía paisajística, imprimía su toque, su interpretación, su personalidad en sus magistrales instantáneas. Sin ese componente, sin una intención a la hora de fotografiar, la imagen carece de sentido y se convierte en una pérdida de tiempo. Hacer que una chimenea de poco más de un metro de altura parezca mayor que el Cristo del Cerro Sagrado Corazón de Cuenca (que mide treinta metros de altura) es cuestión de perspectiva: teleobjetivo a 230 milímetros y F36 para aumentar la profundidad de campo. La monumentalidad del Cristo concluido a finales de los años 60 parece intimidada por la funcionalidad de una humilde chimenea rural. Me gustaba la idea de robarle el protagonismo al monumento, único personaje en miles de fotografías realizadas en esta ciudad castellanomanchega. Y es que la originalidad debe ser una premisa en cualquier oficio, en cualquier empresa, en cualquier pasión. No hay que “tirar” fotografías; hay que pensar una fotografía. Las más ingeniosas son capaces de contar historias sin una sola palabra. Aunque no todas tienen por qué narrar algo ni ser tan “complejas”: el simple placer de visualizar formas, contornos, texturas y composiciones meticulosas y equilibradas justifica eternizar una imagen. Nuestro compromiso a la hora de hacerla pública debe ser honesto, porque en ella se queda algo tan valioso como el tiempo que invertimos en tomarla.

Y, lo más importante, el de quien la mira.


Cacera

HEC_00410001 (Copy)

Mientras le enseñaba mi pueblo y sus famosos jardines a un amigo, le dije: “Ahora la cacera está seca”. Pese a que no me hizo ningún comentario, me di cuenta por su gesto de que seguramente desconocía esa palabra. Y así era, porque el uso del término cacera es infrecuente en general, pero en estas tierras abundan tanto que forma parte de nuestro vocabulario normal. Aranjuez creó un sistema peculiar que saciara sus numerosos árboles y jardines a base de acequias, terrenos inundables y las ya mencionadas caceras, que no son más que pequeñas acequias que pueden ser de ladrillo (como la de la imagen en el Jardín del Príncipe) o simplemente surcos de tierra en el suelo por donde discurre el agua de jardín a jardín, recorriendo grandes distancias, regando terrenos mediante un elaborado sistema de compuertas. Decía Antonio Covaleda en su “Guía de Aranjuez” de 1958 (cuyo ejemplar he podido conseguir recientemente por módico precio): “Otra característica del Aranjuez actual es su actividad, en verano, de los deportes acuáticos. Con una personalidad casi de puerto de mar -milagro del Tajo-, la mayoría de los habitantes del antiguo Sitio conocen y practican el deporte de la natación.” Efectivamente, hasta no hace muchas fechas, los ribereños éramos famosos en los alrededores por nuestras habilidades acuáticas gracias a la proximidad de un Río Tajo limpio, caudaloso y protagonista en numerosos rincones de nuestro pueblo. Pero pasaron los años, llegaron trasvases, pantanos, industrias… Y el Tajo que nos dio de beber y nos enseñó a nadar se convirtió sólo en la cloaca de la región. Y hoy es un cadáver que va camino de Toledo dejando una gran mancha marrón a su paso. Cada año se prohíbe el baño por contaminación en las playas de ribera en las que pasamos plácidas tardes chapoteando, en las caceras donde nos remojábamos, en las acequias donde jugábamos… Y Aranjuez dejó de ser un poco Aranjuez, porque sin su Tajo pierde parte de su encanto.

Y se convierte sólo en una cacera seca, sin sentido, sin alma, sin razón de ser.


El lago

HEC_0030 (Copy)

Rezumando nerviosismo por cada poro de su piel, salió aquella tarde en busca de su orilla. Acompañado de su inseguridad que le escoltaba vestida de blanco, recorrió el río hasta llegar a un gran lago. Se calmaron en el ensanche las aguas sólo rotas por diminutas olas engendradas por el suave viento imaginario. En el aire se respiraba ese olor a humedad propio de la naturaleza desmedida. No había orilla escarpada a la vista, sólo juntos y carrizos tapando escapatoria alguna. Se hacía terriblemente inquietante buscar sin encontrar. Se hacía temiblemente preocupante tener la escapatoria tan cerca sin poderla usar. Buscó hasta la extenuación por cada palmo de agua y finalmente cayó rendido sobre la barca, boca arriba, alma abajo. Dentro de la barca, mirando el cielo y escuchando el chapotear del agua golpeando suavemente su casco, cerró los ojos hasta comprender que el destino era su barca.

Y que él mismo era el lago.


Todo por unas campanas

Tubular Bells 2 - bn (Copy)

Todavía recuerdo la fuerza de los focos deslumbrándome encima del escenario, ante un auditorio abarrotado que llenamos en un cuarto de hora. Recuerdo nuestra preocupación cuando nos arriesgamos a hacer un segundo pase al día siguiente, pues no estábamos seguros de que fuera a acudir más gente, y encontrarme el vestíbulo inundado de melómanos, de todas las edades, de todas las ciudades, buscando un autógrafo de los músicos, de los orquestadores, de los técnicos… ¡Mío! Era el pistoletazo de salida a una serie de conciertos que congregó a un total de cinco mil espectadores en tres ciudades distintas. Bendita locura que nos llevó meses de ensayos y organización, preparativos y nervios. Coordinar a tanta gente de tan diferentes sectores y hacer que todo funcionara para satisfacer a un público tan exigente como lo son los aficionados a la música de Mike Oldfield… Era ambicioso. Y todo ocurrió hoy hace exactamente una década. Nadie sabe y nadie nunca sabrá más que “ella” lo mal que lo pasé, las horas bajas, los desánimos y los problemas surgidos y ocultados para que desde fuera todo fuera una fiesta. Ella siempre estuvo a mi lado, como mi talismán siempre recargado, como mi ángel que nunca se cae, como ese apoyo que está a la sombra para darme su luz. Recuerdo ver mi ilusión reflejada en sus ojos, y cómo eso me daba más fuerza aún. Y eso que sólo llevábamos tres meses de camino recorrido juntos. Apostó por mí a ciegas, con esa extraña y recíproca sensación de conocernos de toda la vida. Recuerdo cómo congenió con David Bedford, el genial músico inglés que tuvimos el honor de tener como invitado estrella. Recuerdo su increíble sentido del humor y su sonrisa bonachona. Hoy David ya no está entre nosotros y el sueño parece lejano. Pero fue real. Lo conseguimos. Nunca lo olvidaré. Por muchas décadas que pasen.

Y todo por unas campanas. Unas campanas tubulares.


Si pudiera ser como ellos

_DSC0382-3 (Copy)

Si pudiera ser como ellos. Descansar en cualquier lado, en cualquier lago. Sin esforzarme, ser ligero. Sin enfadarme, saber equivocarme. No habría ofensa que me hiriera, porque no habría maldito orgullo. Sólo, el ser. Sólo, el estar. Encontrar en la misma vida su sentido. Y vivirla. Si pudiera ser como ellos, sin complejas fachadas que al final se convierten sólo en complejos. Sin tener que presumir para sentirme alguien, para sentirme algo, para tener que estar siempre rodeado de gente… Para en verdad sentirme siempre solo. Si pudiera ser como ellos, la envidia sería sana ambición. Sería una sincera palmada dada en la espalda, no una brecha en mi corazón. No tendría tantos placeres, pero los restantes serían naturales, serían plenos, serían suficientes. No estaría tan vacío estando tan lleno.

Porque me bastaría un pequeño sorbo cazado al vuelo.


Cuidando tus pasos

HEC_0033 (Copy)

No puedo garantizarte que iremos siempre por el buen camino. Que nunca nos equivocaremos, que el terreno será llano y jamás baldío. No puedo probar que el callejón tiene salida, que las aceras gozarán siempre limpias. No puedo creerme cuando te digo que todo irá bien, pero no dejaré de decirlo. Tampoco te juro que cada paso será hacia delante, pues no sería la primera vez que damos un giro al volante. Ni piedras, agujeros, baches o escalones podré esquivar siempre a tiempo, pero al menos reforzarán nuestros frenos. Para volver a arrancar, para volver siempre eternos los besos que nos dimos, los infinitos “te quieros”, los momentos vividos. Por eso no te garantizo que el viaje será siempre ligero, y quizá a ratos no esté a tu lado.

Pero sí puedo prometerte que, aunque no me sientas, siempre estaré cuidando de tus pasos.

[ Ánimo, Pequeña. ]