Archivo para octubre, 2013

Diferentes

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Se abre el bosque para hacerle hueco a este extraño ejemplar. Ha sido podado. Quizá demasiado. No entiendo de botánica. Pero desde luego, esta escultura natural de madera que se alza majestuosa me para los pies. La enmarco entre sus compañeros. No es fácil, y tras varios ángulos poco convincentes, me pongo de cuclillas. Pasa una fondista entrenando y se agacha para no molestarme. Me llama la atención nuestras respectivas vestimentas: ella, acalorada por el ejercicio físico, va más bien ligera de ropa y sudando. Yo, friolero hasta el extremo, voy con mi abrigo hasta la nariz y tiritando. Diferentes. Como este árbol desnudo y sus compañeros frondosos. Me levanto y se me encasquilla la rodilla mala mientras la fondista demuestra su destreza a lo lejos, veloz, ligera, hábil. Miro la fotografía que acabo de realizar: la silueta a contraluz de este esqueleto viviente. Me doy cuenta de que no hace falta pasarla a blando y negro. De hecho, esta imagen es en color. Así de oscura ha sido esta tarde otoñal. Así de pálida. Así termina octubre.

Pero sonrío.


Promesas en otoño

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“Prometo no dejarte caer”.
“Yo te prometo no dejarme caer”.


Sólo otoño

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Demasiado ingrávido para tener los pies en la tierra. Demasiado pesado para volar. Demasiado cuerdo para ser un genio. Demasiado cerca para quedarme atrás. Demasiado tonto para hacerme el listo. Demasiado loco para ser sin estar. Demasiadas manos en el hombro, y tan cansado de siempre colgar, que al final fui sólo otoño, que al final fui sólo irrealidad.

Recuerdo que cuando era niño, en mi cumpleaños, el otoño ya estaba presente de forma clara y evidente. No sé si será el cambio climático o no, pero desde hace unos diez años parece que le cuesta llegar. Las hojas no se marchitan nada más terminar el verano y se mantienen verdes más tiempo. El clima es todavía cálido y la alfombra marrón parece resistirse a cubrir el suelo. Y luego el invierno llega de repente, cae a plomo. Es como si el otoño se muriera sin haber nacido nunca. Es como si el verano y el invierno fueran colonizando su tiempo. Esta fotografía no es casual: me senté en un banco y esperé a que cayera alguna hoja para “cazarla”. Desde luego costó varios intentos, y desde luego el resultado podría haber sido mucho mejor. Pero me gusta esa hoja suspendida en el aire con el sol resaltándola sobre el fondo oscuro, con toda la perfección de su caída, con todas las imperfecciones de lo inesperado. Incluso me gusta el ligero desenfoque y el grano del ISO alto. Me gusta que no llegue a cumplir completamente la regla de los tercios. Me gusta que jamás gane ningún concurso de fotografía. Me gusta haber “fabricado” mi propio “momento decisivo”, que diría Bresson. Me gusta que sea imperfecto y desenfocado.

Como yo.


Dudas existencialistas

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¿Quién está vivo? ¿Quién es la estatua? ¿Quién observa a quién? ¿Respira la piedra? ¿Un solo jarrón es sólo un jarrón? ¿Son las cabezas de sus asas inanimadas? ¿Soy yo la estatua que respira? ¿Soy yo el fotógrafo que observa un pato que mira una pareja que pasea? ¿O son maniquíes? ¿Me miró a mí alguien mientras sacaba esta imagen? ¿Formo parte de la fotografía? ¿Formo parte de otra fotografía? ¿Estáis vosotros ahí detrás?

Si no la miráis, ¿existe esta imagen y sus protagonista?


Aranjuez en el foco

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Suena el rumor del agua despegando. La gente se aproxima. Se abre el recinto reservado a las estatuas y entran los humanos sedientos de arte en movimiento. Ahí está: el espectáculo del agua, de la piedra, de la escultura y de la Naturaleza. Combinación quizá perfecta. El juego de los chorros cautiva a niños, que detienen sus carreras, sus juegos y sus saltos para quedarse con la cabeza tiesa y la boca abierta. Es la Fuente de las Cabezas. Los mayores, cuyos ojos quizá difícilmente sean impresionables, ofrecen en forma de contemplación pausada su mayor tesoro: su tiempo. Los jóvenes, con el descaro de la era digital en sus retinas, abren sus ojos ante la proximidad de la realidad. Y mi cámara y yo, escondidos entre la multitud, sin casi tiempo de acechar, capturamos momentos con rapidez, pues sólo disponemos de unos escasos minutos hasta que la función concluya. Y concluye. Reina ya el silencio tras la tormenta vertical. Se escuchan algunos aplausos tímidos. Pero no hay nadie que reciba la recompensa, pues el artífice está lejos en el espacio y en el tiempo. Quedan charcos esparcidos en el suelo de los chorros más altos, más impresionantes, más estruendosos. Y luego, el silencio. Y luego, la noche. ¿Quieren descubrir este y otros bellos lugares? Focus Aranjuez es la clave.

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Dedicado a Focus Aranjuez, en agradecimiento a su espectacular mención en su Aranjuez 2.0. 


Decisión

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Siempre que llego aquí tardo quince minutos en decidirme.


Ella… guiándome

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Y si no encuentra la luz, la crea para mí.