Mensaje a medianoche

HEC_0016 (Copy)

Tendido en la cama, recibo un mensaje cuando cae la medianoche. Es un viejo amigo, en ambos sentidos. Son malas noticias. La noche, de repente y sin avisar, se vuelve más negra. Sumido en confusos pensamientos dejo que el sueño me invada. Y recuerdo nuestra lucha. La que empezaron Salvador, José, Mariano, Jesús, Santos, Miguel… Y a la que nos unimos nosotros mismos por esa sed de justicia ante las flagrantes tropelías, atropellos, salvajadas y aberraciones que algunos malnacidos cometían (y cometen) contra la Naturaleza para hacerse ricos mientras otros aplaudían. Por el camino nos llamaron de todo y se fueron cayendo algunos valientes que resultaron traidores. Porque era más fácil callarse y seguir la corriente que rebelarse y complicarse la vida. No se nos cayeron los anillos al tirar piedras contra nuestro propio tejado; nos miramos el ombligo antes de ver la viga en el ojo ajeno. Mientras nos decían que era inútil, que no servía de nada, que perdíamos el tiempo, muchos e importantes logros históricos se consiguieron. Ellos, ninguno. Pero se quedaron bastantes en el tintero. Así que la lucha continuó.
Hace casi quince años también recibí un mensaje de mi viejo amigo (en ambos sentidos). También eran malas noticias. Entonces era joven y le aconsejé que resistiera. Hoy no sé qué decirle. Hoy no sé qué sentido tiene nada si a nadie le importa nada, si además se traspasa esa línea de la violencia mientras la indiferencia y el inmovilismo más hirientes y acomodados lo pudren todo. Y si hablo en clave es porque todo está en manos de los tribunales. Pero uno tiene sus límites y necesita desahogarse contra quienes destruyen nuestro planeta y van acallando las voces inconformistas que les molestan.

Y no sé si esta vez será la última.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.