Alzar la vista

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Pensamos que lo mejor de nuestro universo ocurre a nuestra altura. Pero sobre nuestras cabezas hay todo un acontecer de sucesos a los que somos ajenos si no alzamos la vista. Es tópico  hablar de la luna, ese farol pendido del cielo. Pero echarle un vistazo es siempre reconfortante. Las estrellas, desde luego, recurso manido hasta la saciedad, cuyo destello ha sido robado sin permiso por el gran resplandor que llaman progreso. Las estrellas fugaces, las Perseidas, esas perlas escurridizas de agosto que aprendí a esperar en mis noches de infancia y vacaciones estivales tumbado en mitad del campo, cuando había que echarse una manta por encima, porque entonces de madrugada refrescaba. Incluso los pájaros. Algo tan simple como eso. Sus vuelos, sus acrobacias, su vanidoso despliegue de superioridad ante nosotros, que somos incapaces no sólo de alzar el vuelo, sino de alzar la mirada. Y aun así creemos que nosotros somos lo máximo, y miramos con desdén al resto de seres inferiores. Y decidimos que si queremos ir más rápido, aumentamos la velocidad. Y si decidimos que queremos llegar más lejos, pavimentamos otro pedazo de tierra. Y si decidimos que queremos más energía, destrozamos las entrañas de la tierra.  Pero en realidad no sabemos adónde vamos ni qué hacer cuando lleguemos. Y nos da igual.
Esta tarde en la que el sol se va poniendo en silencio parece sosegada. El cielo se ha quedado raso y se convierte en gris ante mi cámara. Alzo la vista y una espectacular formación en V me sorprende. Ocupa varios cientos de metros en el cielo. Son aves. No sé cuáles. Probablemente anátidas. Son ellas las que hacen las largas migraciones. 500 kilómetros, como mínimo. Eso es autonomía. Ellas son conscientes mejor que nadie de la importancia de ahorrar energía. Por eso vuelan así: al batir las alas, cada compañero se beneficia de la corriente de su predecesor. Cuando hay que descansar, pueden planear durante más tiempo. El único que no tiene este beneficio es quien va en cabeza, que suele guiar a la manada. ¿Una metáfora?
Alzo mi cámara y capto la escena. El calor del verano va llegando a su fin, así que estas aves vienen de regreso del Norte de Europa, huyendo del frío, para pasar aquí el resto del año. Somos su meta.

Aunque, afortunadamente, no somos su ejemplo.

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