Ofertas

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Entre los reflejos del escaparate, las últimas ofertas comerciales languidecían ante las miradas despreciativas de los viandantes invernales. La moda se hacía cada vez más prescindible cuando el frío inundaba pieles amoratadas echadas sobre las frías aceras. Y aun así siguieron las almas con la cabeza alta subiendo y bajando las escaleras, sin apoyarse en la barandilla de hierro que dividía el mundo en dos: el de los que suben y el de los que bajan. El de los que ascienden y el de los que descienden. Pero todos doblando sus rodillas.
Los arcos de la plaza pública son buen cobijo cuando el techo de los sueños de uno está sembrado de mil estrellas; cuando las cajas de cartón son la cama perfecta, y los periódicos de antes de ayer se convierten en colchas nórdicas. La mano de un habitante de la calle pende sobre una página manchada de grasa, porque anteriormente le ha servido de mantel, y tapa parcialmente una palabra, dejando visible sólo su inicio: “Bár”. En su sueño liviano se da la vuelta y su mano cambia de postura dejando entrever el final de la misma palabra, que se convierte en ironía: “Cenas.” A su lado desfilan actores que fingen no verle, que fingen no pasar hambre ni miedos ni vergüenzas ni odios ni venganzas ni humillaciones… Es la clase media que fue la media en las clases.
“Ofertas” persiste en el escaparate, y quienes se asoman a él ignoran que son ellos los artículos en rebajas. Es decir; los artículos rebajados: “Oferta: llévese a este currito y no tendrá que indemnizarle si le despide”. “Este becario no le rechistará y trabajará gratis para usted”. “Horas extra, fines de semana, festivos… El trabajador todoterreno del siglo XXI no tiene vida privada y cobrará siempre lo mismo”. “No hace falta que dé de alta a este inmigrante, está como loco por dar de comer a sus hijos”. “Hágale un contrato por diez horas a este chico y sólo cotizará una al día”. “Esta mujer plenamente preparada trabajará por la mitad de dinero que un hombre más incompetente que ella.” A cada reflejo en el cristal, una historia oculta. Una “oferta” más que suma valor añadido a las “rebajas”. El problema no es que la crisis desaparezca, sino que se transforme en nuestra realidad cotidiana. Y en eso están.

“Ofertas” se lee en el escaparate de la calle de las escaleras, por la que pasa nuestra sociedad viéndose reflejada en sus cristales. Pero al final todas las ofertas deben caducar.

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