Archivo para agosto, 2013

Alzar la vista

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Pensamos que lo mejor de nuestro universo ocurre a nuestra altura. Pero sobre nuestras cabezas hay todo un acontecer de sucesos a los que somos ajenos si no alzamos la vista. Es tópico  hablar de la luna, ese farol pendido del cielo. Pero echarle un vistazo es siempre reconfortante. Las estrellas, desde luego, recurso manido hasta la saciedad, cuyo destello ha sido robado sin permiso por el gran resplandor que llaman progreso. Las estrellas fugaces, las Perseidas, esas perlas escurridizas de agosto que aprendí a esperar en mis noches de infancia y vacaciones estivales tumbado en mitad del campo, cuando había que echarse una manta por encima, porque entonces de madrugada refrescaba. Incluso los pájaros. Algo tan simple como eso. Sus vuelos, sus acrobacias, su vanidoso despliegue de superioridad ante nosotros, que somos incapaces no sólo de alzar el vuelo, sino de alzar la mirada. Y aun así creemos que nosotros somos lo máximo, y miramos con desdén al resto de seres inferiores. Y decidimos que si queremos ir más rápido, aumentamos la velocidad. Y si decidimos que queremos llegar más lejos, pavimentamos otro pedazo de tierra. Y si decidimos que queremos más energía, destrozamos las entrañas de la tierra.  Pero en realidad no sabemos adónde vamos ni qué hacer cuando lleguemos. Y nos da igual.
Esta tarde en la que el sol se va poniendo en silencio parece sosegada. El cielo se ha quedado raso y se convierte en gris ante mi cámara. Alzo la vista y una espectacular formación en V me sorprende. Ocupa varios cientos de metros en el cielo. Son aves. No sé cuáles. Probablemente anátidas. Son ellas las que hacen las largas migraciones. 500 kilómetros, como mínimo. Eso es autonomía. Ellas son conscientes mejor que nadie de la importancia de ahorrar energía. Por eso vuelan así: al batir las alas, cada compañero se beneficia de la corriente de su predecesor. Cuando hay que descansar, pueden planear durante más tiempo. El único que no tiene este beneficio es quien va en cabeza, que suele guiar a la manada. ¿Una metáfora?
Alzo mi cámara y capto la escena. El calor del verano va llegando a su fin, así que estas aves vienen de regreso del Norte de Europa, huyendo del frío, para pasar aquí el resto del año. Somos su meta.

Aunque, afortunadamente, no somos su ejemplo.


El mismo sol

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El sol seguirá siendo el mismo allá donde estéis. A los que os vais, a los que os fuisteis y a los que nos quedamos nos iluminan sus mismos rayos.

Suerte, Carlos. 


Principios

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No se llega al final sin principios.


Náufrago entre las nubes

HEC_0027 (Copy)Miro al cielo y el cielo me devuelve un sol naufragando en un mar de nubes.


Gárgola

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Su infierno era nuestro cielo.


Ofertas

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Entre los reflejos del escaparate, las últimas ofertas comerciales languidecían ante las miradas despreciativas de los viandantes invernales. La moda se hacía cada vez más prescindible cuando el frío inundaba pieles amoratadas echadas sobre las frías aceras. Y aun así siguieron las almas con la cabeza alta subiendo y bajando las escaleras, sin apoyarse en la barandilla de hierro que dividía el mundo en dos: el de los que suben y el de los que bajan. El de los que ascienden y el de los que descienden. Pero todos doblando sus rodillas.
Los arcos de la plaza pública son buen cobijo cuando el techo de los sueños de uno está sembrado de mil estrellas; cuando las cajas de cartón son la cama perfecta, y los periódicos de antes de ayer se convierten en colchas nórdicas. La mano de un habitante de la calle pende sobre una página manchada de grasa, porque anteriormente le ha servido de mantel, y tapa parcialmente una palabra, dejando visible sólo su inicio: “Bár”. En su sueño liviano se da la vuelta y su mano cambia de postura dejando entrever el final de la misma palabra, que se convierte en ironía: “Cenas.” A su lado desfilan actores que fingen no verle, que fingen no pasar hambre ni miedos ni vergüenzas ni odios ni venganzas ni humillaciones… Es la clase media que fue la media en las clases.
“Ofertas” persiste en el escaparate, y quienes se asoman a él ignoran que son ellos los artículos en rebajas. Es decir; los artículos rebajados: “Oferta: llévese a este currito y no tendrá que indemnizarle si le despide”. “Este becario no le rechistará y trabajará gratis para usted”. “Horas extra, fines de semana, festivos… El trabajador todoterreno del siglo XXI no tiene vida privada y cobrará siempre lo mismo”. “No hace falta que dé de alta a este inmigrante, está como loco por dar de comer a sus hijos”. “Hágale un contrato por diez horas a este chico y sólo cotizará una al día”. “Esta mujer plenamente preparada trabajará por la mitad de dinero que un hombre más incompetente que ella.” A cada reflejo en el cristal, una historia oculta. Una “oferta” más que suma valor añadido a las “rebajas”. El problema no es que la crisis desaparezca, sino que se transforme en nuestra realidad cotidiana. Y en eso están.

“Ofertas” se lee en el escaparate de la calle de las escaleras, por la que pasa nuestra sociedad viéndose reflejada en sus cristales. Pero al final todas las ofertas deben caducar.


Imagen

Túnel

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