Libertad (sólo cada cuatro años)

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[Política] Es injusto para con los países que aún luchan, trabajan y anhelan una libertad de prensa y de expresión efectivas, porque todavía están bajo dictaduras o regímenes represores que sufren millones de personas desamparadas y que nosotros no podemos hoy ni concebir. Pero a uno se le encoje el corazón y el alma ante situaciones vividas en España, país teóricamente libre en el que uno puede protestar y hablar en libertad. Craso error: la política empleada en los últimos años contra quienes osamos a levantar la voz es cada vez más totalitaria, fascista y vergonzosa. Cada vez más valientes salen a la calle para gritar y denunciar pacíficamente injusticias como la corrupción que campa a sus anchas en el sector político, el abuso de la banca a los ciudadanos, las reformas laborales que aumentan el paro y la precariedad de los que sí somos afortunados por tener trabajo (y obligan al exilio a miles de jóvenes), la privatización (la palabra “externalización” no existe; esterilización, sí) de la sanidad y la educación, y mil atropellos más que ningún ciudadano ha votado y que supone un retroceso de décadas en nuestra evolución como país. Son protestas legítimas, pacíficas e incluso fiesteras. Pero molestan. Molestan porque se airea la mierda de esta política corrupta. Así que han inventado una manera de dar la sensación de libertad, de país democrático y civilizado: dejar que se produzcan las manifestaciones y luego denunciar a los manifestantes de forma individual por absurdos como “alteración del orden público”, “agitación y animación al desorden” o “hacer ruido sin motivos”. El último episodio lo protagonizan los llamados “preferentistas”, un numeroso grupo de ciudadanos (principalmente jubilados) que invirtió el dinero de su vida en acciones de alto riesgo bancario engañados por los bancos responsables. Se han quedado sin dinero y sin derecho a protestar: la Subdelegación del Gobierno de Pontevedra ha continuado una campaña iniciada hace semanas por la que todo aquel que ose a protestar en la calle porque le han robado está expuesto a ser infractor de casi todo: “tocar el claxon sin motivo justificado”, “no llevar el cinturón de seguridad” (a peatones), “colocar mesas y sillas en un paso de peatones” (en una zona peatonal)… Una anciana de 81 años que necesita andador lee incrédula su denuncia por “coacción”… Hay quien acumula dos mil euros en multas. “¿Dónde estábais mientras nos robaban la vida?”, pregunta un afectado indignado ante la pasividad administrativa hacia las grandes estafas y la severidad hacia los pequeños (supuestos) infractores. Es más fácil apalear la cabeza de los ancianos que atacar a la banca y la política, claro. Esa es la valentía de nuestras “fuerzas de seguridad”.
Durante una de las últimas protestas contra los recortes sociales, el que suscribe acudió a un piquete pacífico y, desde la retaguardia, grababa discretamente con mi teléfono móvil en silencio. No tardó en personarse un “agente” para pedirme que dejara de grabar y le acompañara. Le hice caso tras pedirle el número de placa. Me identifiqué y guardé silencio hasta que acabó de filiarme, y le dije que no había problemas, que yo era completamente cooperante. Cuando terminó y me dejó ir, le pregunté el motivo de mi filiación. Su respuesta: “Estabas calentando el ambiente”. ¿Qué hace el ciudadano de a pie ante mentiras así? Está indefenso, expuesto a que, si le da la gana al agente (si ha dormido mal o si no ha follado esa noche) le lleve a la comisaria más cercana donde se le imputará cualquier mentira de la que será harto difícil defenderse. ¡Esa es nuestra libertad!
Estamos ante una persecución en toda regla para que nos estemos calladitos en casa mientras los bancos se llevan nuestro dinero por comisiones abusivas y las financiaciones de nuestros queridos partidos políticos es más dudosa que las profecías mayas. El objetivo de todo esto es claro: que cuando se convoque la próxima manifestación porque nos quitan más derechos sociales, o dan otro bocado al Estado de Bienestar, nos lo pensemos dos veces antes de salir a la calle, acordándonos de lo que le pasó a aquella peligrosa anciana de 81 años con andador, a aquel jubilado que tiene que pagar multas por “hacer ruido” en una manifestación o del que perdió tres puntos del carné de conducir por no llevar el cinturón de seguridad. El alcalde de una de las ciudades donde han tenido lugar estos hechos, tranquilamente, vomita desde su despacho silencioso y tranquilo: “No creo que se sancione a nadie sin motivos. Será cuestión de recurrir.” Todos sabemos que la justicia es rápida y el ciudadano no tiene nada que perder cuando se enfrenta a las fuerzas de seguridad y a los políticos. Y también sabemos que existe el ratoncito Pérez, los Tres Reyes Magos y su puta madre en bragas.

¡Ah! No olvidéis votar A o B en las próximas elecciones. Los políticos esperan vuestra “confianza”. Así el sistema funciona. Somos como las olimpiadas: se acuerdan de nosotros para montar su fiesta y luego nadie hace deporte en cuatro años.

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