Las espinas del camino

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El niño se para porque siente algo en la planta de su pie. Se sienta ingenuo y atisba descuidado cuál es su mal. A su espalda, un ser imposible, una arpía, lo amenaza con sigilo. Una escena labrada en piedra hace siglos, reflejando metafóricamente la indefensión y los peligros de la juventud. Se trata, también, de una de las fuentes más famosas de Aranjuez, llamada “El niño de la espina” o “El espinario.” ¿Y quién no se ha sentido así alguna vez: indefenso, tratando de cuidarse a sí mismo mientras alguien sólo piensa en aprovecharse de nosotros o hacernos daño? Los siglos pasan; los peligros siempre están ahí. Acechando. Seamos jóvenes o mayores. Pero ya lo dijo el gran Fito Cabrales: “Hay caminos que hay que andar descalzo”. Es problema no es ese, sino saber qué camino escoger. Las espinas siempre podrán sacarse. 

Aunque nos dejen cicatrices.

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