Simply the best

HEC_0088-bn (Copy)

Lo recuerdo como si fuera ayer…

Era puente. No había clase, así que estaba en mi “refugio”, con mi familia, disfrutando del campo. Yo estaba estrenando la adolescencia y, como cada cual, buscaba mis propios héroes. Hoy los héroes se caen de los pedestales y uno decide que es mejor no tenerlos, pero entonces la juventud era ciega y se dejaba embaucar fácilmente. Y desde luego a aquel Deportista, con mayúscula, no le faltaban motivos para impresionar a nadie. Ni fue el que más campeonatos ganó ni sus récords siguen vigentes. Pero eso da igual. Era diferente, emocional, casi visceral… Sus victorias eran apoteósicas, rozando lo imposible. Y, de repente, en directo, le vimos morir. Le vimos morir en medio de uno de los episodios más turbulentos de su carrera: deprimido por no haber ganado en varios años a pesar de tener el mejor coche de la parrilla, no quería correr esa carrera: la muerte el día anterior de un colega (Roland Ratzenberger) le había traumatizado. Pero era el más grande; no podía faltar. Y le convencieron. Salió a la pista en cabeza, como no podía ser de otra manera: seguía siendo el mejor. Y en cabeza murió cuando su monoplaza le traicionó y él se convirtió en un pasajero sin capacidad de evitar el choque. No se partió un solo hueso, pero la mala suerte quiso que una varilla de la suspensión se colara en el pequeño hueco entre la visera y el casco. Cuando le rescataron en coma de su coche destrozado, descubrieron que había guardado una bandera austríaca en el habitáculo para, si ganaba la carrera, homenajear a Ratzenberger en la vuelta de honor. Pero esa vuelta de honor nunca llegó. Era el 1 de mayo de 1994. Terminó su vida. Pero no su legado: el Instituto dirigido por su hermana con su nombre sigue ayudando a los niños pobres de Brasil, su querida tierra natal. Ayrton estaba comprometido con la juventud que no podía tener la vida de lujo que él sí tenía, así que se dedicó a donar parte de su fortuna para buenas causas. Diecinueve años después, el Instituto Ayrton Senna atiende a miles de niños pobres en Brasil cada año. Ellos nunca le vieron correr, pero siempre recordarán su nombre.

Pocos meses antes de su muerte, la cantante Tina Turner le dedicó su éxito “Simply the Best” en un concierto.

Hace un año mi pareja rescató un gato recién nacido que un malnacido había tirado (literalmente) a la basura. Le llamamos Senna. Luego resultó ser gata. Pero se quedó con Senna. Da igual que tengamos que explicar a quien nos pregunta por su nombre que no es Xena, sino Senna. Y también da igual que no sepan que fue el mejor piloto, dentro y fuera de la pista. Porque en muchas ocasiones los éxitos no se miden en trofeos.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.