Archivo para abril, 2013

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El monstruo

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Vivian Maier

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Desayuno esta mañana primaveral con mi tradicional periódico dominical. Ya no interesan las noticias en la prensa, sino los reportajes. Y en uno de ellos me topo por primera vez con “ella”. Creo que jamás olvidaré lo que sentí al leer el reportaje de Elsa Fernández Santos en El País sobre Vivian Maier: una mezcla de sorpresa y fascinación por su obra, pero más todavía por su historia. La niñera que escondía un tesoro no es la que aparece en la fotografía del periódico que reposa en la mesa de mi casa. La niñera que escondía un tesoro está detrás de la cámara; es la fotógrafa. En realidad su tesoro lo estamos viendo en forma de imágenes. Un tesoro oculto durante décadas hasta que murió.
La vida de Vivian Maier era anónima: hija de padres franceses, cuidaba niños en Nueva York desde la mitad del siglo pasado hasta su vejez. Dicen que no se relacionaba con casi nadie, sólo entablaba amistad con los pequeños a los que cuidada, de ahí que la llamaran la Mary Poppins de la fotografía. Sí, de la fotografía, porque dejó casi cien mil negativos a cual más maravilloso. Y sin decírselo a nadie. Lo más sorprendente (quizá) es que su historia era desconocida hasta hace bien poco.
Todo empezó en 2007. Un joven había comprado en una modesta subasta en Chicago por 300 euros un archivo de negativos para realizar un libro sobre su barrio. Quien le vendió el maletín no sabía qué contenía, sólo que había estado dormido durante décadas en su guardamuebles. El joven desechó el contenido y publicó el libro. Dos años más tarde, ya sin las prisas de la publicación del libro, recuperó el maletín para echarle un vistazo. Al no tener ni idea de fotografía ignoró en un primer momento el valor que pudiera tener. Pero cuando vio las imágenes con más detenimiento, quedó fascinado. Así que abrió un blog en el que publicaba las imágenes que poco a poco iba revelando. Las visitas crecieron sin parar. Todos quedaron fascinados con las fotografías, así que el joven buscó en Internet el nombre que había encontrado entre los negativos: Vivian Maier. Ante su desolación, apareció su esquela; había muerto ese mismo año, sólo unos meses antes, en la más absoluta soledad y anonimato.
Vivan ya se había ido sin saber que su legado iba a causar revuelo en todo el mundo de la Fotografía. Pero quedaron sus tomas. Aquellas fotografías de los años 50 y 60 no eran de Robert Capa, ni de Cartier Bresson, ni de Doisneau… Pero eran igualmente maravillosas. Demostraban un talento y un dominio natural de la composición, los tonos, las formas… No tenía estudios, pero se sabe que estuvo en contacto Jeanne J. Bertrand, una pionera de la Fotografía surrealista. Y eso, sin duda, la inspiró para desarrollar sus dotes. En sus fotos, las escenas callejeras se suceden una tras otra, a cual más original, junto con autorretratos en los que la autora siempre aparece de “refilón”, en reflejos, semioculta, intuyéndose… Nunca claramente. Esa característica sería un calco de su propia vida: tratando de pasar desapercibida, sin llamar la atención, sin pretensiones, sólo por el puro placer de fotografiar su propio mundo. Vivian era feminista y vivía modestamente en un pequeño cuarto alquilado que cerraba con llave. La represión y opresión de la clase burguesa de entonces convirtió a Vivian en una observadora silenciosa. Eso le hizo aliarse con los pequeños a los que cuidaba; se sentía una niña grande, que no había terminado de crecer, o que deliberadamente no quería crecer y formar parte de ese mundo frívolo del adulto remilgado, siempre preocupado por ostentar y buscar su hueco en una sociedad llena de envidias y resentimientos. Tal fue la amistad que entabló con los pequeños que en los años 90 tres de ellos a los que cuidó le compraron un apartamento cuando Vivian se quedó sin techo y sin dinero. Allí pasó el resto de su vida, atendida por los niños ya mayores que ella misma había cuidado décadas atrás, que llevaron sus cuentas y su vida hasta que murió plácidamente en 2009.
Creo que como en todas las disciplinas, en muchas ocasiones, las obras de los grandes “nombres” están sobrevaloradas. No siempre, pero sí a menudo. Cuando supe de la historia de Vivian, creí que sus imágenes serían prescindibles. Pero todavía no he visto ni una pequeña parte de su obra y ya me ha cautivado. Eso me hace pensar que hay pedestales demasiado altos; pero vacíos. Y entonces aparece una mujer pobre, completamente desconocida, que fotografiaba por pura pasión, y hay que reescribir la historia. Maier no podía revelar sus propias fotografías: carecía del dinero suficiente. Así que disparaba consciente de que jamás vería su propia fotografía. Y eso me martillea la cabeza: simplemente enfocaba, componía, apretaba el botón y la imagen quedaba impresa… en su cabeza. Nunca la veía en realidad. Como su propio éxito. Pero seguía buscando la siguiente imagen, sin perder el aliento.


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Hijos de la misma madre

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Pinzas

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Narciso por compromiso

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Llevo meses sin ganas de escribir. Y así sigo. Pero me sorprende el correo de un amigo con amables palabras que no merezco en respuesta a otras que yo le escribí a él. Fue hace tiempo en realidad, y mi timidez me impidió hacerlas públicas en su día. Pero él las ha hecho en su propio rincón (http://focusaranjuez.blogspot.com.es/). Y aunque odie las muestras de “pavonería”, prepotencia y falta de humildad (sobre todo mías), pienso que le debo una, aunque no me vea reflejado en sus halagos ni crea ser poseedor de esas cualidades que ve en mí. Por él me siento un narciso que no quiere mirarse en su reflejo porque lo ve deformado, lleno de defectos. Pero a veces se nos olvida que son los amigos los que se ven reflejados en nuestros ojos. Ven las manchas, desde luego, pero también los brillos. Y cuidarán de que las lágrimas no alimenten nuestras inseguridades, nuestras dudas, pues ya son muchas. Por eso hoy me digo: ¿y por qué no? Así que ahí va. Gracias de corazón y perdón por este capricho de egostimo.

 “(…) Larga es la primavera de Aranjuez entre sus hijos predilectos como eres tú, sigues y seguirás fotografiando esta noble villa. Yo siento mucho interés por ella, lo tuyo es interés de nacimiento, de pasión. Fotografías, ese es tu canal expresivo, bien hecho, bien, la retina personal de alguien aún muy joven pero que fotografía con seriedad, como un oficio al que después se le añade el arte. Joven sí, tú dirás que no, pero eres joven y viejo a la vez, curiosa mezcla en la que creo que mucho tiene que ver dónde se nace. Si alguien lee esto ojalá te conozcan en la Retina de Cristal que es tu sitio (www.laretinadecristal.wordpress.com) en el que vemos la crónica de tus ciudades que quieres y tus viajes, sobre todo Lagunas de Ruidera y Aranjuez. Crónica de lo interpretado, nunca lo directo, lo obvio, ese es el arte. El arte también es ser una buena persona y en esto también despuntas. Alejado de todo arquetipo en el carácter me pareces indefinible pero en cualquier caso de confianza si se cae el mundo y hay que encomendarse a alguien. No tengo palabras suficientes con lo que me has escrito, me alegro de haber abierto un sitio en internet que contenga cartas como esta que perduran. Que las lean mis enemigos, que me envidien. Pero el honor es para ti que la escribes, donde dices en definitiva: “el mundo es mejor si se quiere”. Y yo digo: “que se conozca que en este mundo alicaído [La Retina de Cristal] mantiene intacta la bondad y la inquietud en su arte”.”


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La tarde en la plaza

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Los hipócritas

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Es muy laudable la defensa que ejercen contra una práctica más que dudosa. No se pone en duda. Pero a los que llevamos bastantes años merodeando por estas tierras nos llama poderosamente la atención que quienes nunca levantaron la voz por la cantidad de atrocidades que se han cometido a lo largo de las décadas en este Parque Natural se pertrechan ahora detrás de pancartas pseudoecologistas. “No a la contaminación de las Lagunas”, dicen. Lo dicen ellos, cuyos negocios y asociaciones han arruinado un paraíso a base de vertidos ilegales y un turismo masificado sin control. Resulta que ahora ellos son los supuestos defensores de esas aguas, de esas riberas, de esa joya que sólo quisieron explotar sin límites. Ellos, que desecaron lagunas para construir campings. Que destruyeron riberas para fabricar playas artificiales. Que pavimentaron y cementaron orillas naturales para crear piscinas. Ellos, que atacaron y atacan a quienes se atreven a denunciar dichas tropelías, que agreden física y verbalmente, que insultaron (e insultan) a quienes nunca se callaron ni se bajaron los pantalones ante los terratenientes de turno… Ellos, que injuriaron y acosaron hasta el destierro a quienes dedicaron su vida al estudio y defensa de esta joya natural, porque se atrevieron a poner en duda la idoneidad de un turismo insostenible, son ahora quienes se creen los salvadores. ¿Salvadores de qué? ¿De sus intereses?

Una causa muy laudable. Nadie lo duda. Pero las máscaras acaban agrietándose como el suelo con el “fracking”.