Pero nunca demasiado lejos

HEC_0242-2 (Copy)

Suenan pianos cristalinos. Suenan entre el silencio de demasiados años mudos. Suenan después de la “música de las esferas” que me dejó frío, muy frío. Pero hoy no hay orquestaciones vacías ni melodías banales e insípidas. Quedó atrás Bilbao, y lo mejor que me llevé de aquella ciudad no estaba en un concierto para sibaritas que no sabían ni lo que estaban presenciando. Han pasado cinco años y parecía que no iba a haber regreso. Pero lo habrá. Mientras tanto sigo escuchando este pequeño regalo de anticipo, sin pretender forzar nada, porque romper la voluntad de un ermitaño es un crimen sin castigo. Sigo escuchando y suenan sintetizadores ambientales. Pronto una voz femenina comienza a surgir como un instrumento más. Todo parece un mar que viene y va. No hay letras; sobran cuando el sentimiento se desborda por doquier. Sólo, una pequeña estrofa rescatada de hace más de veinticinco años: “Somos islas, pero nunca demasiado lejos.” Nunca demasiado lejos. Nunca demasiado lejos. Nunca demasiado lejos. La estrofa planea por mi cabeza y por un momento creo que me va a reventar el cerebro. “Somos islas”. Somos islas: cada uno, en su mundo. “Pero nunca demasiado lejos”. Nunca. Dice nunca. No me he dado cuenta y las percusiones sintetizadas por bucles han inundado mi salón. Subo el volumen. Sé que no es más que un experimento musical, pero las guitarras inimitables ya están ahí: tantos años alimentando mi imaginación, tantas noches en vela escuchando sus lamentos, tantos secretos escondidos entre sus notas… que creo que es mi propia voz, que es mi propio lamento anhelando ese silencio que no tengo. Se acurruca en mi regazo Senna y se relaja hasta quedarse dormida encima de mí, ronroneando. Los temas de Mike Oldfield son completamente impredecibles; quizá por eso tengan tantos detractores. Quizá por eso me gustan tanto. Pasan cinco, seis, siete, ocho minutos… Y no pasa nada en realidad. Tan sólo ese momento de completa felicidad que tanto añoramos, sin crearnos las expectativas de un “súper ventas” plastificando un encargo más de una discográfica que piensa más en la campaña publicitaria que en la propia música. Tarja Tutunen es un buen fichaje. Este año tendremos rock del bueno. Sin presiones. Por puro placer. Y seré otra vez feliz, aunque guarde silencio, aunque me esconda del mundo durante un tiempo, de vez en cuando, y me aísle en mi casa para sentirme a salvo. Porque todos somos islas.

…Pero nunca demasiado lejos.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.