Detener las aguas de un río

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Creía que todo era factible. Que el tiempo sería un aliado, no un enemigo. Creía que podría llegar lejos e incluso alto. Sentía el impulso de la locura, esa locura de los pocos años. Guardaba entre mis manos mi más preciada herramienta para paliar de mi inteligencia su escaso grado: la ilusión. Una ilusión que me alimentó durante años, pero que poco a poco se fue gastando. Hoy ya no queda nada y es absurdo negarlo. Cometí el gran error de creer en mí mismo. Hoy soy ese monstruo que emerge de la niebla asustando a todos a su paso. Soy ese engendro desgraciado que debería callarse y dejar de molestar. Por alguna extraña razón creí tener derecho a soñar. Creí que podría demostrar algo. Pero todos saben que al final es imposible retener las aguas de un río.

Y por la corriente ahora sólo me dejo llevar, tratando de no hacer ruido.

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