Con el alma entre las manos

HEC_0216 (Copy)

Está lloviendo sobre la ciudad.
Hay un perro vagabundo perdido en la estación
que se refugia de la realidad.
Y yo me refugio en cada rincón
de esta pesadilla, de mi propia verdad.

Salgo a la calle mirando las nubes.
Mis pies mojados resbalan, se hunden
en charcos amargos recién inventados
en el zafarrancho de mil fracasos.

Llego al jardín solitario.
Me bebo el aroma a silencio,
y pienso: “No voy a rendirme ahora.
No voy a salir corriendo.”

Pero al aire le falta un credo.
Al jardín, un poso sincero.
Pero, sobre todo, a mi me falta talento.

Debajo del puente, el gris, el blanco y el negro
de una foto que no quiere que la tome
que no quiere ser el invento
de un pobre perro, de un loco que se cree cuerdo.

Un pato atraviesa el puente y yo lo dejo preso
en la retina de cristal de mi espejo
para convertirlo en borroso recuerdo.

Vuelvo a casa calado, con el alma entre las manos.
Un jarro de agua en la cabeza y todo el pelo despeinado.

Sentado en la nada languidezco.
No quiero hacer ruido ni causar estruendo.
¿A quién le importan estas historias?
Son tan sólo lo que siento.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.