Bandera de cuadros

HEC_0015 [La Retina]

Quien más y quien menos intenta negarlo, pero los años van fundiéndose en una especie de lastre que se acumula en la espalda y en la cabeza. Una masa amorfa que uno siempre juró que jamás portaría. ¡Qué ilusa es la juventud! “La gravedad siempre gana”, decía la canción. Y llevaba razón. Catorce años al pie del cañón, desgranando carreras, narrando la actualidad diaria, informando sobre nuevos y viejos pilotos, analizando circuitos y curvas, desvelando secretos históricos, revisando viejos vídeos, diseccionando derrapadas y estrategias… Pero todo tiene su fin. Y todos tenemos prioridades. Y dichas prioridades cambian con los años, porque nosotros también cambiamos, aunque algún día infantil juramos lo contrario. Y entonces la “pole” se vuelve insípida. Una vuelta rápida parece lenta. Un cambio de neumáticos se hace imprescindible a cada pocos kilómetros. Uno se siente extraño en el “paddock”. “Eau Rouge” parece sólo una montaña rusa. Monza, un parque infantil. Spa-Francorchamps es sólo una vieja y solitaria carretera de montaña. Senna, un apellido brasileño olvidado. 130R, tan sólo el radio de una línea curva. Las “flechas de plata” ya no relucen. Las “balas rojas” no estremecen. No hay alerones ni carrocerías que corten el viento; tan sólo, el viento frenándonos. Y uno piensa: ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Qué sentido tiene nada? ¿Merece la pena? El cuentakilómetros se para de repente. No hay velocidad ni pasión, ni emoción ni nervios. Sólo el doloroso sonido del silencio. ¿Y a quién le importa? Es sólo un deporte. Pero siempre hay un corazón dentro de cada máquina que rueda a trescientos kilómetros por hora; y, también, dentro de cada informador, aunque a veces se nos olvide. Es hora de apagar la grabadora y enfundar el bolígrafo. Es hora de cerrar los viejos libros y guardar las cintas VHS, las mejores fuentes de información histórica en la era de la estúpida “Wikipedia” y las malditas redes sociales. Es hora de cerrar el procesador de textos y apagar el ordenador. Es hora, en definitiva, de bajar la bandera de cuadros.

Pero, justo cuando lo hago, ya lo echo todo de menos…

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