Sol Invictus (¡Feliz Saturnalia!)

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Nace un nuevo sol. Literalmente: según la tradición romana, el 25 de diciembre el “sol invictus” (sol invencible) recoge el testigo dejado por su antecesor, el viejo sol que muere con el invierno. Brumalia (el 25 de diciembre, honrando al Dios Sol, Mitra) y Saturnalia (del 17 al 25 de diciembre, en honor al dios de la semilla y el vino) son la semilla, la base real de lo que actualmente llamamos “navidad”. Son fiestas más de dos siglos anteriores al supuesto nacimiento de Jesús de Narazet (no existe ningún texto bíblico que fije la fecha de dicho acontecimiento). Se conmemoraba así el solsticio de invierno y el fin de la siembra. Y es que antiguamente se creía que el sol viejo moría cada año (al acortarse los días a finales de diciembre). El 25 de dicho mes se celebraba el nacimiento del “Sol Invictus”, la llegada de la nueva luz (los días son más largos). Es, pues, una festividad romana y pagana iniciada aproximadamente el 216 antes de Cristo, en la que los esclavos dejaban de serlo temporalmente, las gentes no trabajaban y se regalaban presentes unos a otros, decorando las viviendas con velas y adornos naturales, saliendo a la calle a cantar y beber… Luego llegó la iglesia cristiana y cambió fechas y acontecimientos. Trasladó el supuesto nacimiento de Jesús de Nazaret al 25 de diciembre para hacerlo coincidir, para quedarse “saturnales” y convertirla en “navidad” (ya en el siglo III), para permitir la conversión de los últimos pueblos paganos resistentes y evitar enfrentamientos religiosos.
Ya comenté en otra entrada que este ateo completamente abierto de mente respeta profundamente el sentimiento cristiano a la hora de celebrar la navidad. Para mí, paganas o religiosas, son simplemente fiestas familiares que cada uno vive a su manera. Es por eso que nos toca felicitarnos, sea cual sea nuestro credo o ausencia del mismo; al fin y al cabo estamos juntos en esta nave azul. Y es lo que importa.

Felices Saturnales a todos. Felices fiestas. Larga vida al nuevo sol y buena suerte en vuestro camino, por la tierra o por el cielo. ¡Ah! Y un año más, que hable vuestro perro:

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