No llueve igual para todos

Cada vez que llueve en mi ciudad pienso en los sin techo. No es masoquismo, es innato. “Qué bien se está en casita con la mantita por encima y delante de la televisión”, me dicen algunos compañeros ante la llegada del otoño y sus fríos y lluvias. Sin duda, tienen razón. Pero no puedo dejar de pensar en las cada vez más personas que sufren las inclemencias del clima en sus cuerpos porque no tienen dónde guarecerse. Ellos buscan cobijo donde pueden, víctimas de una época, de un momento, de una crisis, de una estafa, de una mala pata, de un error propio o de todos, del capitalismo salvaje… Quién sabe. Pero víctimas, al fin y al cabo, ellos son los que se mojan.
El ser humano busca cobijo; busca vivir. Si la calle se moja, busca un cajero abierto donde protegerse. Si un país le mata de hambre, busca otro. Es así de simple. El pasado jueves 25 de octubre una patera llena de seres humanos se partió cuando trataban de salir de su pesadilla particular: un país represor y unos recursos que les impiden tener derecho al trabajo, derecho a comida, derecho a la vida. Y, como ha hecho el ser humano desde tiempos inmemoriales, emigraron (pues el ser humano ha sido nómada por naturaleza). Pero esta vez ganó el mar. Catorce personas murieron. Qué fácil es mirar para otro lado cuando comemos caliente todos los días. Nuestra vida no es más que una casualidad producida por dónde hemos nacido. Y eso no tiene ningún mérito.
Los catorce fallecidos de Alhucemas fueron enterrados en Motril (Granada). En Almería apenas un centenar de personas se concentraron para mostrar su duelo por las víctimas. Veo una fotografía en el periódico y el espacio ocupado por los ataúdes es mayor que el de personas presentes en la capilla. Sus familiares no podrán velar a sus muertos. Me dicen que parte del pueblo (pequeña, supongo y espero) espetaba por las calles que no tenían por qué gastarse un euro en este entierro. Me causa náusea y verdadero asco pensar que esas alimañas carentes de escrúpulos, sentimientos y humanidad puedan ser congéneres míos.

Y es que es muy fácil ser racista cuando uno ha nacido en el lugar correcto.

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