Mi suerte echada en el mar

Me llevo por delante lo que siento. Es mentira lo que dicen del infierno: el calor no quema, sólo la conciencia de embustero, de cobarde sinvergüenza. No importa cuán deprisa lata mi pecho; lo único que pesa es lo que tenga mi cabeza. Pero si está vacía, ¿qué valor tiene mi verbo? Soy la típica historia sin principio ni final. Cada ola que se pierde mar adentro. Un boceto, un mal sueño, nada más. Una anécdota en el libro de los vivos muy muertos. Abro los ojos en mi habitación. En medio del silencio escucho su respiración. Y mis pasos ya se alejan otra vez. Salgo a la calle dormida, como la dejé ayer. Volveré a ver amanecer en las calles de Aranjuez, aunque sé que mi suerte sigue echada, desechada y despreciada, en algún lugar del mar.

Y mañana volverá a llover.

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