Faro de tierra

Él se acuesta por las noches murmurando: “Esta es la última”; y la última vez que soñó todavía no ha llegado. Él persigue cometas por el cielo, sin haber atado el cordel a su mano. Él respira el río que le vio crecer. Se asoma cauto y sigiloso, y cuando ve su rostro en la corriente reflejado, ninguno de los dos se reconoce. Él, que camina lento y rápido a la vez, se tropieza cuando todavía no se ha levantado del último tropiezo. Él, que busca el silencio del verde bosque, recibe el grito en el oído de la ciudad marchita. Él, que tiene frío cuando le abandona la musa, se siente desnudo rodeado de gente. Él, que ha dejado de hablar, cansado de escuchar. Él, que se dejó la maleta en el vagón y no la echa de menos. Él, que confió en los desconocidos, no se fía de su sombra que por las noches le abandona. Él, que adivina la edad de las flores es incapaz de recordar la suya. Él, que sólo quiere perderse, encuentra tierra adentro un faro que no recordaba señalando un norte que no esperaba.

Su luz le ciega y, paradógicamente, no sabe qué camino escoger.

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